A tan solo 118 kilómetros de Cali, aproximadamente dos horas de viaje por carretera, se encuentra un refugio de paz y biodiversidad que los vallecaucanos han bautizado cariñosamente como la “Ciudad Jardín”.

Trujillo, ubicado en las estribaciones de la cordillera Occidental, es un municipio que combina el aroma del café de altura con paisajes de verdes intensos y un clima templado que invita al descanso y a la desconexión del bullicio urbano.

Este destino se ha convertido en una pieza clave del Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Su arquitectura conserva la esencia de la colonización antioqueña, con casas de balcones coloridos y una plaza principal donde el tiempo parece detenerse.

A diferencia de las grandes metrópolis, en Trujillo la vida transcurre sin las prisas de los semáforos ni el ruido del transporte masivo, ofreciendo una experiencia de turismo lento o slow travel que es cada vez más valorada por los viajeros contemporáneos.

Naturaleza y cultura en un solo lugar

La riqueza de Trujillo no es solo natural, sino también cultural; el municipio está rodeado de senderos ecológicos que conducen a miradores naturales desde donde se puede apreciar la inmensidad del Valle del Cauca.

Para los amantes de la gastronomía, el pueblo ofrece lo mejor de la cocina tradicional vallecaucana: desde un auténtico sancocho de gallina cocinado en leña, hasta el infaltable pandebono y el refrescante cholado, ideales para disfrutar tras una caminata por sus zonas rurales.

Uno de los aspectos más significativos de Trujillo es su capacidad de resiliencia, cada mes de octubre, el municipio celebra las Fiestas del Retorno, un evento que busca recuperar el tejido social y fortalecer los lazos entre sus habitantes y quienes regresan a su tierra.

Según datos de la Unidad de Víctimas, estos espacios son fundamentales para honrar la memoria y la cultura local, transformando al pueblo en un símbolo de esperanza y comunidad.

Además de su oferta cafetera, Trujillo destaca por su cercanía a otros sitios de interés religioso y natural en el departamento, como el Santuario del Divino Ecce Homo en el vecino municipio de Bolívar.

No obstante, Trujillo brilla con luz propia gracias a sus fincas agroturísticas, donde los visitantes pueden aprender sobre el proceso de siembra, recolección y tostión del café, interactuando directamente con los campesinos que mantienen viva esta tradición centenaria.

Para quienes buscan una escapada de fin de semana, este municipio ofrece una infraestructura hotelera acogedora que va desde hostales tradicionales hasta opciones de glamping inmersos en el bosque.