El dolor es inevitable, sufrir es una opción. Con estos tips usted podrá enfrentar mejor el dolor.
Es de humanos cometer errores, decepcionarse, sentirse tristes, incluso ahogarse en medio vaso de agua. También es de humanos levantarse, ver que la tormenta ya pasó y aprender de los tiempos difíciles, no siempre a la primera, claro.
María Cecilia Betancur, psicoterapeuta y consultora de capacitación en temas de crecimiento personal, plantea en su más reciente libro En los tiempos difíciles diferentes claves de manejo emocional y soluciones efectivas para aquellas épocas donde la angustia se apropia del ADN de cualquier persona.
En su introducción, Betancur asegura que nadie debería sucumbir al sufrimientoo, porque hay no solo una, sino distintas salidas a cada crisis de la existencia, y no solo una fuerza interior, esa que al aplicarla en una dirección sin resultado deja al dueño al borde del abismo; el ser humano es más fuerte y poderoso de lo que cree en sus malas horas.
Con el dolor hay dos caras. La que lo pone en el peor de los escenarios y la que intenta ocultarlo. En el primer escenario es frecuente repetir aquella frase fatalista: No hay dolor en esta vida que pueda compararse al mio. Y es cierto.
El dolor es una experiencia tan subjetiva, tan íntima, que sería una torpeza intentar siquiera proponer cuál sentimiento de otra persona fue mayor o cuál es más hondo que éste. El sentimiento es tan propio, que solo la misma persona lo puede comparar con algo que haya experimentado. En este caso, ayuda la idea de pensar que quizá lo mismo le haya ocurrido a los seis mil millones de habitantes del planeta cuando han tenido experiencias desgarradoras en sus vidas.
Por otro lado, si bien es cierto que no conviene obstaculizar el dolor, menos favorable en negarlo o callarlo. ¿Qué se gana con que lo crean muy controlado y dueño de sus emociones? Por el momento, nada más que la admiración de los débiles, y la extrañeza de quienes reaccionan con total independencia del entorno. Más adelante se comprobará que se ganó una úlcera, sobresaltos angustiosos mientras duerme y miedos aparentemente injustificados, todo por seguir los dictámenes de una cultura que le enseñó mal en qué consiste ser dueño de sí mismo.
Cuando una detonación ocurre en un edificio, las paredes estallan para dar paso a la onda explosiva. Después viene la quietud y el silencio. Por eso es de vital importancia permitirse sentir, dar rienda suelta al llanto, hablar, repasar episodios. Esto, además de tener un efecto sanador, jalona el pensamiento, ayuda a poner en perspectiva la realidad, como debe ser ante lo ocurrido.
1. Cómo ser un buen apoyo2. Haga su parte y confíePara quien no está viviendo una experiencia dolorosa, es muy fácil decir tienes que hacer un esfuerzo, tranquilo, Dios sabe cómo hace sus cosas, con el tiempo te sentirás mejor; sin embargo, muchas personas no toleran estos comentarios y tienen que reprimir sus pensamientos porque el sufrimiento no da licencia para lastimar a otras personas. Es por eso que se debe aprender a acompañar, en circunstancias deplorables, con un abrazo silencioso, cargado de afecto y una presencia segura pero discreta.
Cuando una persona pasa por un momento gris puede decir: No quiero aprender, no quiero ganar si este es el precio. En este caso, además de comprensión se le debe hacer entender que tiene dos alternativas: elegir el sufrimiento y vivir abatido, o convertir la experiencia en una oportunidad de ser y vivir mejor.
Es indispensable llegar a comprender que la realidad es la realidad y aceptar que las cosas sean distintas a como uno quiere. Quienes creen tener el mundo bajo control a menudo sufren grandes golpes, de los cuales se levantan pronto pero con dificultad para emprender otros planes, que por su exceso de confianza se vendrán abajo nuevamente. Nada es fijo, nada está conseguido antes de que el proceso llegue a su fin. Tampoco se puede ser pesimista, minimizando el valor del esfuerzo propio. Siempre se debe hacer todo lo necesario para alcanzar un fin. Después las cosas pueden ocurrir como se quiere y como son.
3. ¿Para qué sufrir?4. Haga las paces con la soledadNo todo sufrimiento es útil en sí mismo, ni es indispensable para aprender y enriquecer la personalidad. El valor del sufrimiento , entendido como tener que pasar por una experiencia dolorosa, consiste en su carácter de fuerza, de potencialidad. Todo depende del individuo, según en qué quiera convertirlo. Se necesita no solamente voluntad para aprovecharlo, sino también agudeza para desentrañar el rendimiento, para ver más allá del impacto que causa en un momento específico. Recuerde que todo ser humano está preparado para superar cualquier circunstancia, enfrentar los miedos y aceptar la tristeza con todo lo que ella implica.
Las personas que, sin querer una separación se ven obligadas a aceptarla así como tantas otras que son incapaces de romper los lazos de relaciones enfermizas, se sienten aterrorizadas frente al hecho de quedarse solas. Luchan, no por salvar la relación, sino por salvar la compañía, aunque se trate de una relación gris e insustancial.
Para mucha gente es difícil comprender que la soledad es vacío interior, no ausencia de otro ser humano. Suena paradójico pero, en la medida en que más se aleja del ser y se fusiona al mundo colectivo, es más posible sentirse más solo. Toda persona es dueña de sus alas, aunque otro haya ayudado a construirlas. Acérquese a quienes tiene a su alrededor, encontrará que son muchos quienes lo quieren y aprecian a pesar de las circunstancias.