Por Diego Arias, especial para El País
“Petro afectó la gobernanza propia del Estado de Derecho occidental. Es claro que De la Espriella es su polo opuesto en cuanto a la ubicación ideológica. Pero, pese al poco tiempo, aparecen coincidencias en la metodología de ambos. Hay un ADN común: la personalización de la política, el sueño redentorista de fundar una nueva patria, un camino peligroso para la cultura democrática”.
Así se pronuncia Humberto de la Calle, exvicepresidente de la República y jefe negociador del Acuerdo de Paz con las Farc, con respecto a la transición política en Colombia, en entrevista para El País.
Usted ha planteado que la elección de De la Espriella no significa que el país haya girado hacia la derecha. ¿Por qué?
Creo que De la Espriella ganó mediante una combinación de apoyos. Pero buena parte de la votación se explica más por un deseo de ponerle fin al gobierno de Petro que a un anhelo de forjar un nuevo liderazgo para llevar a cabo una revolución cultural. Hubo mucho voto movido por la coyuntura, cuya fidelidad dependerá de los resultados del Gobierno en temas como la seguridad y la economía.
Cuando se aquieten las aguas, renacerá una visión de centro que ha sido la constante de la mayoría de los colombianos. Por otro lado, se olvida que el triunfo del Presidente fue por estrecho margen. No es bueno desconocer que hay una Colombia que no comparte sus ideas.
¿Cree que el gobierno de Gustavo Petro fue una especie de “oportunidad perdida”?
Sin duda lo fue para la izquierda. Un verdadero desperdicio para quienes comparten sus ideas. Petro recogió una gran parte del malestar y la insatisfacción con una propuesta social basada en la equidad. Pero esto se diluyó entre el mesianismo gubernamental, la confrontación excesiva, la falta de realizaciones y las frustraciones de la llamada Paz Total y la corrupción.
Para Colombia fue mejor no perseverar en el camino equivocado en cabeza de Cepeda. Pero creo que la narrativa que instaló Petro, y que le dio presencia a la izquierda ya no como algo testimonial sino como la segunda fuerza política, podría seguir actuando, si comprende que para tener éxito no puede desconocer las ideas de personas que no comparten el camino del insulto y el odio.
La mayor responsabilidad histórica de Petro es con la izquierda misma, que perdió su oportunidad y no sabemos si pueda regresar al poder pronto.
Muchos resienten la ausencia de una opción viable de centro o centroizquierda en medio de los extremos actuales de derecha e izquierda ¿Eso es viable?
No creo que la pretendida ola de derechización llegue a instalarse de manera permanente, al menos en esta fase aguda. De la Espriella tiene al frente una rica agenda, con desafíos, pero con posibilidades: seguridad, economía, terremoto. Pero mezcla esto con un ánimo pendenciero y con propuestas de revolución cultural, como si pensara que tiene un mandato amplio para refundar la Patria. No sé si esta mezcla le funcione. Veo a veces mucha impaciencia, mucha fanfarronería, mucho deseo de buscar enemigos innecesarios.
Me preocupa que venga una radicalización hacia la izquierda, cuando los hechos afecten la actual gobernanza; que aparezca un nuevo salto en la vía contraria en 2030 y que llegue a la Presidencia algo todavía más radical que Petro. Por eso se necesita cabeza fría, reflexión, cuidado con las instituciones y alejamiento de esas visiones napoleónicas caudillistas.
Hay que preservar el carácter republicano de Colombia que, aun con deficiencias, ha permitido un desarrollo progresivo, aunque a veces, hay que reconocerlo, y nuestra generación y las aledañas tienen responsabilidad, ha pesado demasiado la lentitud en los cambios. Pero esto no se resuelve con revoluciones de derecha o izquierda.
¿Ve cerrada totalmente las opciones de paz dialogada en este nuevo Gobierno?
Sí. Se abre la puerta al sometimiento, cuyas características aún no están definidas. De la Espriella interpreta a la mayoría de los colombianos con su propuesta de seguridad, aunque hasta ahora es algo simplista. El fenómeno es más complejo que simplemente dar bala. Ya no hay ejércitos guerrilleros uniformados que se mueven en formaciones militares uniformadas.
El conflicto es polifacético, ajeno a la gran política, basado en el control territorial para el lucro e involucra a las poblaciones. Esto no es solo militar. Es también judicialización, Fiscalía, control del lavado de activos, presencia permanente. No se remedia solo con “destripar”, así eso le dé aplausos pasajeros a Abelardo. Pero es demasiado pronto para hacer un balance.
Luego del gobierno que buscó “hacer trizas la Paz” y de “el cambio”, que no dio importancia a la implementación del Acuerdo de 2016, ¿qué viene?
Creo que ha sido un error de varios gobiernos congelar la implementación del Acuerdo, que contiene una hoja de ruta conveniente para Colombia. Uno esperaría que los hechos, que serán duros y tozudos, permitan que en algún momento el Gobierno actual encuentre que, aun quitándole volumen a los aspectos que más lo irritan, recupere la senda de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, la búsqueda de una política más limpia y la reforma rural, que no es solo un acto de justicia sino un cambio estratégico en beneficio del desarrollo económico general.
Colombia se ha equivocado al abortar esa reforma. La formalización del campesinado implica una nueva masa enorme de consumidores cuya situación ahora solo permite la supervivencia. Esto le conviene a la economía de todos. Lo vieron muy bien los tigres asiáticos que eran más pobres que nosotros. La reforma agraria es crucial, algo que nuestra ceguera ideológica no deja ver.
A propósito de su nuevo libro ‘La democracia fatigada’, ¿cuál es el mayor reto o desafío de la democracia colombiana hoy?
En mi libro examino las dolencias de la democracia que tienen efecto no solo en Colombia. El populismo, que es de derecha o de izquierda según la conveniencia, porque se trata solo de una herramienta para el poder; la impaciencia; los ataques al Estado de Derecho, que es la joya preciosa que Occidente ha labrado con dedicación, basado en la separación de poderes, el pluralismo, los derechos, las libertades. Esos ataques han venido generando democracias iliberales: gobiernos que nacen con sujeción a las reglas, pero que horadan la democracia por dentro. Mire lo que pasa en Europa y el panorama latinoamericano; fíjese incluso en el Gobierno norteamericano actual. Sobre esa base, yo conecto esto con la coyuntura de Colombia.
El llamativo y brusco cambio de un gobierno alternativo a otro de derecha, y hago un análisis de la campaña, de hechos que incidieron en ella, del proyecto constituyente pretendidamente popular, del juicio a Uribe, de una nueva forma de comunicación sobre todo en la derecha, de la captura de Maduro y lo que viene con Venezuela. En fin, de desafíos, posibilidades, pero también incertidumbre.
Petro afectó la gobernanza propia del Estado de Derecho occidental. Es claro que De la Espriella es su polo opuesto en cuanto a la ubicación ideológica. Pero, pese al poco tiempo, aparecen coincidencias en la metodología de ambos. Hay un ADN común: la personalización de la política, el sueño redentorista de fundar una nueva patria, un camino peligroso para la cultura democrática.