El gobierno del presidente, Abelardo de la Espriella, está cerca de cumplir dos meses, casi 60 días en los que ha tomado varias decisiones en materia de política exterior que revelan un giro en el manejo de la política internacional y que abren el interrogante sobre los eventuales beneficios o desventajas para el país de ese cambio.

Restaurar las relaciones con Israel, tras el rompimiento durante el gobierno de Gustavo Petro, distanciarse de Irán y buscar convertirse de nuevo en el principal aliado en la región de los Estados Unidos, marcan ese giro dictado por Bogotá.

No obstante, para varios expertos consultados por Colprensa, esta postura trae consigo varios riesgos, si no se establecen ciertos límites.

El analista internacional y profesor de la Universidad Javeriana, Manuel Camilo González, calificó esta postura como un “efecto vagón”, en donde se provoca un alineamiento total con la administración de Donald Trump, pero que le genera a Colombia una serie de limitantes.

“Con este nuevo Gobierno se configura una especie de alineamiento activo en términos de un efecto vagón, allí donde va Estados Unidos, va a ir Colombia, y eso tiene una gran consecuencia de tener un limitado margen de acción internacional, al estar dependiendo de qué hace Estados Unidos para seguirle la dirección”, aseguró.

La evidencia de esta postura quedó demostrada en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Israel y la toma de otras decisiones cuestionables, como ser el segundo país en el mundo, después de Estados Unidos, en reconocer la soberanía del gobierno de Benjamín Netanyahu en los Altos del Golán. A lo anterior se suma la más reciente determinación de romper relaciones con Irán.

Abelardo De La Espriella y el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi. | Foto: SEMANA

El expresidente Juan Manuel Santos cuestionó esta postura, al señalar que toda decisión de política exterior debe responder a la pregunta de si realmente protege los intereses del país o “por el contrario nos arrastra a disputas ajenas que no nos corresponde librar”.

“En qué nos conviene, por ejemplo, ser el único país aparte de Estados Unidos en reconocer la soberanía de Israel en los Altos del Golán o romper relaciones con Cuba o con Irán o negar el cambio climático o debilitar la cooperación sur-sur?”, cuestionó el mandatario y Nobel de Paz.

Al ser consultado sobre la cercanía con los Estados Unidos, Santos aseguró que Colombia y América Latina “no deben ser el patio trasero de nadie; podemos y debemos ser socios de Estados Unidos. Los colombianos lo hemos sido y fuimos durante muchos años sus socios estratégicos”, afirmó.

Para Néstor Rosanía, experto en conflicto armado y profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la política exterior de Colombia se ha enmarcado en línea con la derecha mundial, pero principalmente con Trump, lo que genera un “retroceso” político superado hace años.

“Es un retroceso, porque vuelve al concepto de la mirada hegemónica al norte, de tener una total dependencia a los Estados Unidos y romper el concepto de cooperación sur-sur de buscar países similares y construir cadenas de negocio y nuevos mercados”, precisó el académico.

Frente a la cercanía hacia Israel y el distanciamiento con Cuba e Irán en relaciones de más de 50 años, el analista señaló que Colombia no solo réplica a los Estados Unidos, sino que además no genera mayores beneficios y sí varias afectaciones a nivel internacional.

Para Rosanía, esta postura del gobierno de de la Espriella pone al país en contra del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y el Sistema Internacional de Derechos Humanos, “porque tendría implicaciones a futuro al apoyar a Netanyahu” y su genocidio en Gaza.

Incluso, intentar ir al ritmo de Estados Unidos podría conducir al país a un retroceso en caso de concretar una eventual salida de organizaciones multilaterales como las Naciones Unidas o la OEA, que para los expertos sería un error que le costaría en temas de cooperación.

Abelardo De La Espriella y Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos. | Foto: Derechos del autor

Aunque la premisa del gobierno de de la Espriella es tener una cercanía total con Washington, bajo el supuesto de que esa postura le traerá grandes beneficios al país en materia de seguridad e intercambio comercial, expertos consultados aseguran que esta relación se debe manejar con límites y generar garantías para un trabajo mancomunado.

La excanciller María Ángela Holguín recordó, en declaraciones a Colprensa, la importancia de la existencia de una relación con los Estados Unidos en términos de igualdad, sin la necesidad de cerrar embajadas o ideologizar las decisiones para estar de acuerdo con la Casa Blanca.

“Mientras haya una relación con los Estados Unidos bipartidista, como lo ha hecho siempre Colombia durante décadas, es lo que nos va a producir también resultados y tener un mejor entendimiento, sumado a la unión con la región”, sostuvo.

La excanciller recordó que durante su labor diplomática Colombia era el único país que tenía diálogos de alto nivel entre la Cancillería y el Departamento de Estado, así como entre el Ministerio de Defensa y el National Security Advisor, lo que le permitía establecer espacios de discusión de temas regionales.

“Que no nos vean agachados, sino que nos vean que podemos ser interlocutores con el resto de los países de la región, Es cómo Colombia puede volverse, porque ya lo fue, un país en el cual confiaban como interlocutor para entender qué es lo que pasa en la región, yo creo que eso es muy importante”, afirmó Holguín.

Con información de Colprensa.