Abelardo de la Espriella ya tiene definido el mapa político que lo acompañará en el Congreso de la República. En principio, las cuentas parecen favorecer al mandatario, tras haber conquistado las mayorías, pero pronto la coalición de Gobierno se pondrá a prueba, cuando salgan a relucir los intereses decada partido.

Con el Legislativo dividido entre aliados, independientes y un bloque menor de oposición, el Jefe de Estado inicia un pulso en el que deberá convertir esas mayorías en gobernabilidad.

El presidente de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos (Acopol), Rubén Erazo, explica que indiscutiblemente el panorama es positivo para el Presidente y no se puede reducir a la tradicional luna de miel de los primeros meses.

“De la Espriella no llegó a la Presidencia como producto de una gran coalición de partidos que después tuviera que trasladar mecánicamente al Congreso. Llegó con un mandato popular muy fuerte y buena parte de los partidos se acomodaron después de su victoria. Esa diferencia es fundamental: por ahora, el centro de gravedad del poder está más en la Casa de Nariño que en las jefaturas partidistas”, indica.

Aunque recuerda que el Legislativo tiene intereses territoriales, burocráticos y electorales y que 2027 pondrá a los congresistas a pensar en gobernaciones y alcaldías. Y ahí donde empezarán las tensiones.

Como partido de gobierno se declaró el Centro Democrático, siendo el partido más grande que hoy respalda a la Administración de la ‘Patria Milagro’. También están Liberal, Conservador, la U, Cambio Radical, Colombia Renaciente, Alianza Social Independiente, Demócrata, Colombia Justa Libres, Liga, Alianza Democrática Amplia y Oxígeno. Aunque los tres últimos no tienen congresistas por no haber logrado superar el umbral en las elecciones y aguardan una decisión del Consejo Nacional Electoral, CNE.

En el oficialismo también está Salvación Nacional, único partido que acompañó a De la Espriella en campaña, y Defensores de la Patria, que recién recibió su personería jurídica.

En independencia se declararon Alianza Verde, Nuevo Liberalismo, Mira, Dignidad y Compromiso, Aico, Ecologista y La Fuerza, partido de Roy Barreras que en su momento respaldó al petrismo. Los dos últimos también se quedaron por fuera del umbral en las legislativas y lo que pase con ellos dependerá del CNE.

En la oposición quedaron Mais, En Marcha (del exministro Juan Fernando Cristo) y el Pacto Histórico, la bancada de congresistas más grande tanto en Cámara como en Senado.

Bogotá. Plenaria del Congreso. | Foto: Semana

¿En qué se traducen esas cuentas?

El consultor político Germán González responde que, si bien al sumar las fuerzas que se declararon de gobierno la coalición suma 65 % del Congreso, eso no significa que el Ejecutivo tenga mayorías automáticas y sostenibles en el tiempo.

“El apoyo de esos partidos está condicionado no solo al desempeño del Gobierno, sino también a la capacidad de hacer acuerdos que les den representación en la Administración. Es decir que De la Espriella les permita participar con sus fichas políticas en ministerios y agencias del Estado, además de negociar proyectos estratégicos para las regiones de los congresistas en medio de una coyuntura fiscal que deja poco margen para la inversión regional”, explica.

Recuerda que es normal que al inicio de los gobiernos haya buen ambiente para construir coalición, pero “el reto real empieza cuando hay que negociar cambios que políticamente son costosos, como la discusión fiscal y una eventual reforma tributaria, en el marco de un congreso cuyas colectividades son altamente fragmentadas, con poca disciplina de partido y donde se incentiva la negociación uno por uno”.

En la práctica, los números dan para los intereses del Presidente. Solo esta semana el espaldarazo al Presupuesto General de la Nación para el próximo año, cuando las cuatro comisiones económicas le aprobaron el monto de $ 634,9 billones.

Además, tampoco prosperó la moción de censura contra el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, por su viaje a Santa Marta en medio de la tragedia del terremoto del 10 de agosto.

Aunque es una primera evaluación positiva para De la Espriella, más temprano que tarde se conocerá cómo se empiezan a trazar esas primeras líneas.

“El primer gran reto será la aprobación del Presupuesto Nacional, con el que, como vimos en la alocución del domingo, no se van a poder cumplir las promesas de campaña, debido a la emergencia por el terremoto y los incendios, pero aun teniendo esa coalición tan fuerte, va a ser un proyecto bastante escudriñado, revisado y debatido en el marco de la tragedia”, comenta Juan Camilo Vanegas, analista y docente universitario.

Para Erazo, el ‘primer round’ fue la aprobación del monto, y el Gobierno salió victorioso al demostrar que tiene capacidad real de organizar mayorías: “Ahora vendrán pruebas mucho más difíciles. Una cosa es acompañar el Presupuesto y otra votar reformas que obliguen a los congresistas a asumir costos políticos frente a sus electores, sectores económicos o estructuras regionales. Ahí sabremos qué tan sólida es la coalición”.

Advierte que se debe tener en cuenta que De la Espriella es “obsesionado con medir sus decisiones frente al mandato que recibió. Si encuentra un congreso dispuesto a bloquear sistemáticamente aquello que él considera parte de ese mandato, difícilmente se limitará a negociar en el Capitolio. Su principal instrumento de presión será la opinión pública. Tiene una maquinaria comunicacional enorme y una capacidad poco convencional para personalizar los conflictos políticos”.

Adicional al Presupuesto, que se espera sea aprobado en octubre, recuerda González, luego entrará en discusión la ley de rescate fiscal que el Ministro de Hacienda anunció para financiar los recursos pendientes del próximo año. El siguiente pulso es el Plan Nacional de Desarrollo, que iniciaría discusión en febrero.

Miguel Gómez Martínez, ministro de Hacienda, en las comisiones económicas conjuntas del Senado y la Cámara de Representantes al iniciar el debate del proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2027. Bogota septiembre 1 del 2026 Foto: Guillermo Torres Reina - SEMANA | Foto: Guillermo Torres Reina

¿Qué tan coherentes están siendo las colectividades?

La oficialización del mapa político en el Congreso era un escenario que se veía venir desde la campaña, pero eso no significó que algunas declaratorias no generaran sorpresas.

Es inevitable comparar la relación actual entre Legislativo y Ejecutivo con la que en su momento tuvo Gustavo Petro en su llamada luna de miel, en la que tuvo el respaldo de colectividades que ahora se mudaron al bando de De la Espriella: Liberal, Conservador, la U, Colombia Renaciente, Demócrata, Alianza Social Independiente y Alianza Democrática Amplia.

El caso de los ‘rojos’ genera especial inquietud, porque, como se sabe, siempre habían estado divididos en el sector leal al expresidente César Gaviria y otro que se codeaba con líneas más progresistas. Sin embargo, esta vez la tendencia del exsenador Julián Bedoya, que tiene a dos congresistas, Diver Franco y María Eugenia Lopera, que apoyaron el gobierno Petro, se sumó a la decisión de declararse partido de gobierno.

El ‘bedoyismo’ defendió en la junta parlamentaria que, “más allá de las etiquetas ideológicas, lo importante es trabajar con los gobiernos de turno para llevar resultados a las regiones”. Lo mismo se podría decir de partidos como la U y el Conservador, que en el pasado votaron a favor del petrismo.

Al respecto, el docente Vanegas explica que “algunos partidos en sus posiciones obedecen a posturas ideológicas, como el Centro Democrático, el Conservador, Cambio Radical y Salvación Nacional, que evidentemente son de derecha y apoyaron a Abelardo de la Espriella en segunda vuelta, pero extraña en colectividades como Liberal o la U, con una decisión pragmática en torno a la necesidad de tener interrelación con el Gobierno Nacional y lograr espacios de participación”.

Para el analista Erazo, las decisiones de los partidos corresponden a cálculos políticos: “Basta mirar la velocidad con la que se reorganizó el mapa partidista después de las elecciones. Hoy, once colectividades se declararon de gobierno. Eso no significa que once partidos hayan descubierto repentinamente una identidad ideológica común con Abelardo de la Espriella. Significa que entendieron dónde quedó ubicado el poder después de junio”.

Y añade: “Los partidos tradicionales colombianos tienen una enorme capacidad de adaptación. Sobreviven cambiando de posición, construyendo interlocución con el Ejecutivo y protegiendo sus estructuras regionales. Y aunque este Gobierno haya prometido romper con determinadas prácticas burocráticas, los congresistas siguen necesitando inversión para sus territorios, interlocución ministerial y capacidades de mostrar resultados a sus electores”.

Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia. | Foto: El País

Los independientes

Las siete fuerzas en independencia también jugarán un papel relevante, ya que, si bien no hacen parte de la coalición, podrán acompañar los proyectos del Ejecutivo y votar en contra de los que consideren contrarios.

Ese escenario se vería más que todo en coaliciones como el ‘Verde’, donde la división de sus líneas no ha permitido que el partido vote de manera unificada y ha favorecido las negociaciones uno a uno.

El consultor González explica finalmente que “en un contexto de alta fragmentación al interior de los partidos, los sectores independientes pueden ser clave para alcanzar las mayorías. Partidos que se declararon en independencia, como el ‘Verde’, que tiene cinco senadores, o el Mira, con tres, o el Nuevo Liberalismo, con uno, pueden llegar a cotizar sus votos. Así pasó en la elección del CNE, donde una facción verde afín al gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, terminó inclinando las cuentas a favor del Gobierno”.