El jueves primero de octubre, a la mitad de la mañana, cuando el país se movía entre noticias como el decreto para regular la participación de la Fuerza Pública en las manifestaciones, el crecimiento del desempleo o el aumento de las tasas de interés por parte del Banco de la República, se concretó un hecho que desde hacía días se estaba ‘cocinando’, la renuncia de Bruce Mac Master a la presidencia del poderoso gremio de la Asociación Nacional de Industriales, Andi.

Su renuncia tuvo muchos motivos para no pasar indiferente y convertirse en noticia económico-política, todo porque no era desconocido que su relación con el gobierno de Abelardo de la Espriella estaba rota, al punto que el distanciamiento era tal que ni había contacto con los ministros, en particular con los que más relación debería tener, Miguel Gómez, de Hacienda, y Mauricio Gómez, de Comercio.

El paso al costado de Mac Master, quien estuvo al frente del gremio por casi 13 años, incluido el mandato de Gustavo Petro, con quien tuvo duros enfrentamientos, se sumó a la rápida salida de Carolina Soto, la prestigiosa economista y excodirectora del Banco de la República, de la presidencia de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, por sus discrepancias con el gobierno de turno.

Soto, aunque había sido nombrada con un apoyo casi unánime de la junta directiva de la CCI, se cayó a las pocas horas de su designación.

¿Qué dice la historia?

Aunque fue este el hecho de la semana, la verdad es que no es la primera vez que pasa en la historia de la relación de un presidente de la República con los gremios o sus dirigentes. El 10 de mayo de 1957, el entonces presidente de la República, el general Gustavo Rojas Pinilla, tuvo que renunciar luego de enfrentar tres días de un paro nacional que había sido liderado por los principales gremios y empresarios de la época, esto ante las pretensiones del militar dictador de aspirar a la reelección presidencial.

Casi cuatro décadas después, en enero de 1996, los gremios del país se unieron para pedir la renuncia al entonces presidente de la República, Ernesto Samper Pizano, por la relación que había tenido durante su campaña electoral con el Cartel de Cali, uno de los grupos más poderosos de la época del narcotráfico.

Aunque Samper no cayó ante la presión de los gremios, la dirigencia política que se le oponía y de los principales medios de comunicación, el mandatario sí logró dividir al empresariado con el fortalecimiento de pequeños sectores de la producción a nivel regional, con lo que llevó a que la unidad de los poderosos ya no fuera igual.

En los gobiernos recientes, estas situaciones no fueron indiferentes. Durante la administración de Petro, su relación fue la más mala de las últimas décadas de un jefe de Estado con el empresariado y sus dirigentes.

Cuando estaba en la llamada “luna de miel”, Petro había logrado que a menos de cuatro meses de estar en el poder se diera la renuncia de cuatro presidentes de gremios, quienes le habían expresado su oposición. Uno de ellos casualmente es el hoy ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, quien para ese momento ocupaba la presidencia de Fasecolda, el gremio de las aseguradoras que por la pandemia del coronavirus tuvo un papel importante en ese momento.

Pero la salida de un dirigente gremial que más sonó y que se dio por las diferencias con Petro fue la de Roberto Vélez, a la gerencia general de la Federación Nacional de Cafeteros. Petro incluso dio la orden a sus ministros de Hacienda y Agricultura, José Antonio Ocampo y Cecilia López Montaño, para que pidieran la cabeza del dirigente en el Comité Nacional de Cafeteros.

Quien también tuvo que salir de la dirección de Cámara Colombiana de la Construcción, Camacol, fue la dirigente Sandra Forero, su postura política cercana al uribismo (que años después fue concejal de Bogotá), la llevó a perder apoyo de la junta directiva de los constructores, sector que a la postre fue uno de los más golpeados durante el gobierno de Petro.

Bruce Mac Master fue un opositor del gobierno Petro, pero permaneció como líder de la Andi, en esos 4 años. En dos meses del Gobierno de De la Espriella tuvo que renunciar. | Foto: JUAN CARLOS SIERRA / Semana

También, como consecuencia del distanciamiento con el mandatario nacional, se tuvo que ir de la Asociación de Energías Renovables Colombia, el dirigente Germán Corredor.

La caída de Mac Master

La renuncia del presidente de la Andi de inmediato llevó a que los sectores políticos ahondaran la polarización que vive el país; mientras que desde el abelardismo vieron su salida como una renovación positiva, desde el Pacto Histórico se recordó que cuando Petro tuvo diferencias con los gremios y el empresariado se le calificaba de “dictador” y ahora con de la Espriella se mira la situación con otra perspectiva.

Una de esas reacciones la manifestó el propio Petro, quien dijo que “es triste por la vida de Bruce Mac Master, pero se lo buscó. Quedó en la bisagra en la qué el empresariado industrial colombiano podía escoger un programa de industrialización serio liderado por el progresismo, que indudablemente implica más mercado interno, reforma agraria para subir el nivel de vida de toda la colombianidad vía reducción del precio de la alimentación, aranceles inteligentes, financiación barata y energía barata, asociación entre pequeños y medianos empresarios para abarcar costos de producción, cooperativismo agroindustrial entendido, pero Bruce prefirió un programa como el de Abelardo que destruye la industrialización, va directamente contra el mercado interno que es la base de cualquier exportación y retorna a los hidrocarburos y la extracción primaria que entregará a sus dueños extranjeros”.

Ese mismo primero de octubre, unas horas después de su renuncia, al recibir una condecoración (programada con antelación) por el Concejo de Bogotá, el expresidente de la Andi dijo que “a Colombia le iría significativamente mejor si nosotros no nos gastáramos tanto tiempo en las polarizaciones y en las discusiones entre nosotros”.

Por ahora, los gremios y de la Espriella entraron en lo que se llama una “calma chicha”, las aguas volvieron a su cauce a la espera que en otro momento se vuelvan a tensionar las relaciones del presidente con el empresariado o mejor con algunos de sus dirigentes.