Luego de meses de campaña, ‘el día D’ está a la vuelta de la esquina, y con él han quedado definidos los apoyos que los principales candidatos tienen de los diferentes actores del mundo político, social y económico del país.

Con tres apuestas que se disputan la llegada a segunda vuelta por encima del resto, las adhesiones y los guiños no han faltado, pese a que no han sido pocos los casos en los que estos se han hecho de manera soterrada.

¿Con quiénes llegan Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, la triada de la que más se habla en los pasillos políticos, y Claudia López y Sergio Fajardo, los remanentes de la idea de centro que todavía se mantiene vigente?

Iván Cepeda, el hombre de las bases sociales

Heredero del proyecto progresista que encarna el actual presidente Gustavo Petro, Cepeda ha hecho suyas tanto las banderas de gobierno como las bases sociales que acompañaron aquella candidatura.

Entre quienes lo apoyan en estas presidenciales están el sindicato de educadores Fecode, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Unión Sindical Obrera (USO), además de agremiaciones de cooperativas y comunidades afro e indígena.

Esto último resulta de especial importancia, pues con la escogencia de la líder indígena Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial, Cepeda pareciera haber buscado cimentar el apoyo del Consejo Regional Indígena del Cauca, el Cric.

Para el analista político Yann Basset, esta elección representaba una confirmación de su apuesta por las bases: “Para Iván Cepeda era importante reforzar esta imagen de coherencia, porque para la izquierda uno de los grandes problemas será lograr llevar a las urnas a un electorado de izquierda que es fuerte entre públicos que están muy propensos a abstenerse, en un país en que la abstención puede llegar a 50 %”, dice, y explica que este público está concentrado en jóvenes, sectores populares, comunidades afro e indígenas.

Heredero del proyecto progresista de Gustavo Petro, Iván Cepeda ha optado por afianzar las bases sociales que llevaron al poder a Petro. Su fórmula a la vicepresidencia es un guiño a un sector clave, el indígena. | Foto: AFP or licensors

En cuanto al mundo político, Cepeda cuenta con el apoyo del Partido Alianza Verde que oficializó su respaldo mayoritario a este líder. A su vez, algunos políticos que hasta hace poco eran sus contendientes han decidido declinar sus aspiraciones presidenciales para apoyarlo: desde la exsenadora Clara López, pasando por el exministro de Relaciones Exteriores Luis Gilberto Murillo y llegando al exgobernador de Magdalena Carlos Caicedo, el último en bajarse de su candidatura para adherirse. Esto sumado a la posible llegada del exsenador Roy Barreras, quien días atrás dio a conocer que lo acompañaría en segunda vuelta, con la condición de que su campaña deje de ser tan hermética.

Según Álvaro Benedetti, analista y consultor internacional, dichas candidaturas carecen de poder electoral suficiente para marcar una diferencia que vaya más allá de lo simbólico.

Agregó que estos apoyos vienen a consolidar la idea de unidad de la apuesta de la izquierda para estas elecciones.

Aunque aclara que el caso de Roy Barreras puede ser diferentes: “Roy sigue teniendo una voz que pesa en el debate nacional. Yo no lo pondría en el plano ideológico, sino en el de lo estrictamente burocrático”.

Paloma Valencia va con partidos tradicionales

Valencia, quien aterrizó en campaña luego del visto bueno del expresidente Álvaro Uribe, y después de ganar la Gran Consulta, se ha consolidado como la apuesta del establecimiento para esta contienda.

Además de su propio partido, el Centro Democrático, cuenta con el apoyo de los dos partidos más tradicionales de la política colombiana, el Liberal y el Conservador. Además de estos, la respaldan cuestionados clanes políticos como el de los Besaile, liderado por Jhonny Besaile, y Pineda, en cabeza del senador Marcos Daniel Pineda, ambos en Córdoba.

Pese a ser la elegida por Álvaro Uribe en representación de su partido, Paloma Valencia ha visto cómo su campaña pierde vuelo y apoyos. | Foto: AFP or licensors

Estos apoyos, sin embargo, podrían no suponer una ventaja para la candidata. Benedetti trae a colación el ejemplo del vicepresidente Germán Vargas Lleras en las presidenciales del 2018, en las que perdió pese a tener de su lado a las grandes maquinarias del momento: “No necesariamente tener el apoyo de las maquinarias de los partidos se traduce en una movilización contundente de votos”, dice.

En lo que parece ser una apuesta directa por quitarle votos a Abelardo de la Espriella, recientemente se conoció la adhesión del partido MIRA, la colectividad de mayoría cristiana.

Para el analista político Alejandro Echeverry, el peso del MIRA sí podría ser determinante en la disputa por el voto de este segmento de la población, en disputa con De la Espriella.

“MIRA es un voto muy estructurado y disciplinado, de manera que es una votación que le va a servir a Paloma. Este partido le podría poner a Paloma entre el 8 % y el 10 % de la votación total, dependiendo del número de votos”, dice el analista, y explica que un ejemplo del peso de este partido se encontró en las recientes elecciones legislativas.

Según él, el voto de esta colectividad hizo posible que otros partidos como Dignidad y Compromiso y el Nuevo Liberalismo conservaran su personería jurídica, al ir en coalición a aquellas elecciones.

De manera simbólica, Valencia también recibió apoyo de la opositora venezolana María Corina Machado y del presidente de la Fundación Internacional para la Libertad, Álvaro Vargas Llosa.

De la Espriella, ¿‘outsider’?

Abelardo de la Espriella encarna la apuesta más cercana a lo que en el 2022 fue el ingeniero Rodolfo Hernández, especialmente en su propia presentación como un ‘outsider’ de la política.

En sus eventos de campaña se ha denominado parte de los ‘nunca’, en referencia a su poca experiencia en el mundo de la política. Con este argumento, ha asegurado que no acepta el apoyo de partidos en su campaña.

Sin embargo, el representante de la derecha más radical sí está recibiendo apoyos, así sea de forma indirecta. Entre ellos, están los del movimiento Creemos, del alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, el partido del exsenador y pastor cristiano John Milton Rodríguez, Colombia Justa y Libres, así como el del clan Char, el más fuerte de Barranquilla y del que hace parte el actual mandatario de esa ciudad, Alejandro Char.

La campaña del autodenominado ‘outsider’ de la política en estas elecciones se ha caracterizado por presentaciones grandilocuentes con las que aspira capitalizar los votos que le aseguren la segunda vuelta. | Foto: AFP or licensors

Frente a la contradicción de estas adhesiones y su discurso, el analista político y profesor de la Universidad Javeriana Felipe Jaramillo opina que esto no necesariamente resulta cierto: “De la Espriella ha manejado esas adhesiones bajo la lógica de que son sectores políticos que se suman a su proyecto, más que una candidatura construida desde esos clanes o maquinarias. Esa construcción discursiva le permite mantener, al menos parcialmente, la imagen de outsider frente a una parte del electorado”.

Así como Cepeda, en sus correrías ha quedado en evidencia las bases que apoyan su campaña: grupos de policías y militares retirados y de reserva, así como grupos religiosos cristianos, como los que simboliza el mismo exsenador Rodríguez.

Además, recibió un espaldarazo de la congresista norteamericana María Elvira Salazar, quien invitó a los colombianos a votar por esta opción.

Pese a que estos grupos no han llegado a consolidarse como lo ha hecho el MIRA, para Álvaro Benedetti su apoyo podría llegar de otra manera: “sí tienen la posibilidad de incidir en la agenda, de tener cierta modelación de la conversación pública”.

De igual manera, y sin oficializar, algunos representantes del empresariado colombiano y gremios estarían apoyando a este candidato que tiene en su fórmula vicepresidencial una persona más cercana a este segmento.

Conforme ha avanzado en su apuesta por la Presidencia, De la Espriella ha empezado a ser una amenaza real para la misma Paloma Valencia. Figuras como la senadora María Fernanda Cabal han mostrado su desacuerdo con la elección de su colega, tildándola de no ser una opción real de la derecha. Asimismo, hace pocos días se conoció que la exsenadora Mila Romero renunció al Centro Democrático para unirse a la campaña de ‘el tigre’.

Felipe Jaramillo analiza estos indicios de ruptura en el interior del uribismo de la siguiente manera: “El respaldo de algunos sectores del Centro Democrático a Abelardo de la Espriella refleja, en buena medida, las tensiones internas que existen dentro de la derecha sobre cuál es la estrategia más efectiva para competir. La campaña de Paloma Valencia apostó por un giro hacia el centro con la idea de ampliar su base electoral, atraer votantes moderados y aumentar sus posibilidades de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, el panorama parece haber favorecido una mayor polarización”.

López y Fajardo, el centro que se desvanece

Luego de representar una opción real de llegar a la Casa de Nariño, las aspiraciones del centro político parecen tener poca acogida en estas elecciones.

Ni Claudia López, quien protagonizó una agridulce victoria en las consultas interpartidistas de hace un par de meses al obtener solo 574.670, lejos de los más de 3 millones de Paloma Valencia; ni Sergio Fajardo, el eterno candidato del centro que aspira, por tercera vez, a la Presidencia, pero quien en las encuestas no supera el 3 % de intención de votos, han anunciado grandes adhesiones ni de figuras ni de partidos políticos.

Para Álvaro Benedetti, la falta de anuncios de este tipo responde, precisamente, a la poca intención de votos que ambas candidaturas representan: “Estos son candidatos que no van a tener la oportunidad de ser competitivos y difícilmente van a llegar al umbral. Estos son, con cierta objetividad, los candidatos que hablan de propuestas, los que hablan con mucho más rigor de cómo afrontar los desafíos del país, pero no son los que seducen al electorado”, señala.

Por su parte, Yann Basset opina que el escenario actual del centro se debe a que sus liderazgos no han sabido organizarse en un proyecto común, como sí lo ha hecho el Pacto Histórico o, mucho más anterior a este, el Centro Democrático.