La incautación de diez toneladas de cocaína listas para empacar y diez toneladas más de la droga en estado líquido encontradas en un laboratorio del ELN en Samaniego, Nariño, es el mayor golpe de las autoridades al narcotráfico.
Es, sin embargo, apenas una pequeña parte de lo decomisado en el 2021: este año, según el Comando Naval del Pacífico, se ha incautado una tonelada de droga al día, ya sea en laboratorios, sumergibles, carreteras o en puertos como el de Buenaventura.
Colombia y el mundo deben reconocer la labor que adelantan la Armada Nacional, el Ejército y la Policía junto con la Fiscalía, para detener ese negocio que mueve miles de millones de dólares.
Solo lo decomisado a la compañía Jaime ‘Toño’ Obando del ELN tendría un valor de 12 millones de dólares, que se convertirían en 300 millones de dólares si hubiese llegado a venderse en las calles.
Es dinero del que se lucran organizaciones criminales como el ELN y que se utiliza para alimentar la violencia en Colombia.
Cuando se ve la capacidad de producción de cocaína en Colombia hay qué preguntar qué pasa con el consumo.
Si una industria criminal es capaz de procesar 20 toneladas de estupefacientes en un mes y en un solo laboratorio, eso quiere decir que el consumo está descontrolado.
Y que para acabar ese flagelo que tanto daño ha causado a Colombia, la labor de combatirlo se tiene que hacer también en los países con altos índices de drogadicción, el gran motor de la economía ilegal y la violencia en el mundo.