El Gobierno del presidente, Petro, viene predicando reiterativamente, como lo prometió en su campaña, que durante su mandato lograría La Paz Total en el país, un anhelo ampliamente compartido. Un postulado muy atractivo y vendedor.
En Colombia nunca hemos disfrutado ese estado idílico. Con ese nombre también se describe lo que algunas religiones denominan “nirvana”. Un logro de paz interior muy exigente, alcanzado por muy pocas personas.
En nuestro territorio siempre han existido discrepancias irreconciliables y concepciones partidistas o ideológicas diversas en la sociedad, las cuales nos han conducido a la violencia, ejercida en diversas formas.
Me imagino que lo que ha querido decir el presidente, Petro, es que por lo menos nos dejemos de matar entre colombianos, como consecuencia de practicar diversas ideologías o formas de concebir el gobierno. El estado de ánimo “nirvana” es utópico, pero el postulado de paz total es inalcanzable. Ilusorio sería que todos depusieran las armas y desapareciera el narcotráfico, financiador del crimen.
Las declaraciones de su hermano, inducen a pensar que la paz total incluye a los narcotraficantes comercializadores. Eso da a entender el nombramiento de Mancuso como agente de paz, lo cual nos conduciría a la impunidad total, en lugar de la paz total. Sin justicia no puede existir paz duradera.
Pero hablando de incongruencias, si su verdadera pretensión es unir a los colombianos mediante la paz total, para que practiquen una sana convivencia política, ¿por qué el Presidente, Petro, cada vez con más frecuencia y vehemencia, en sus alocuciones públicas incita a la confrontación mediante el odio, a quienes él considera contrarios irreconciliables; pobres y ricos, oligarcas y trabajadores, proletarios y empresarios de la sociedad colombiana?
Otro de los cambios propuestos es la reforma laboral que beneficia a la clase trabajadora más favorecida económicamente, e ignora la mitad de la población que sobrevive en la informalidad, sin derecho a al salario mínimo, ni a las horas extras, ni a los dominicales, además de carecer de seguros de salud y pensión para la vejez. Allí, tampoco se practica las indemnizaciones por despidos. Se protege cada vez más a los protegidos y nada se hace por los más débiles. Se arguye que ellos pueden recibir subsidios, dádivas insuficientes, sin embargo, su aspiración es tener un trabajo digno que les ofrezca protección.
Con frecuencia el presidente critica los monopolios privados, con razón. Ninguna clase de monopolio es aceptable, son intrínsecamente perversos. En cambio propone monopolizar en manos del estado, la salud, con el agravante de que la supervisión de la ejecución eficiente quedaría en manos del gobierno. Un monopolio circular invulnerable. Un perfecto yo con yo.
La organización social de la comunidad universal ha cambiado mucho desde el siglo pasado y más aún del anterior (1800). Las ideologías que se inspiraron en aquella época, ya no tienen aplicaciones prácticas. Si bien es cierto, que se necesita acortar la brechas, la forma de hacerlo no debe ser insistiendo con aplicar recetas obsoletas, deben emplearse medidas de nuestro tiempo, que existen.
El presidente calificó de un fiasco para la humanidad la caída del muro de Berlín. Un acontecimiento de la libertad celebrado por todo el mundo.