Nada más contradictorio que promover a Colombia en el mundo como uno de los países más biodiversos y uno de los destinos más atractivos para el turismo ambiental en América Latina, pero al mismo tiempo mantener varias de esas joyas naturales cerradas al público.

Y no se trata de entrar en la discusión desazonada de si es más importante mantener alejados a los visitantes de los santuarios de flora y fauna por un tema de conservación o si por el contrario, es necesario abrir esos espacios para un turismo masivo y que comunidades como las del Pacífico colombiano encuentren allí un modo de sustento.

No son pocas las experiencias en otros países donde se ha demostrado que el turismo y la conservación no son figuras antagónicas. Por el contrario, se han convertido en una amalgama estratégica que ha posicionado el turismo ambiental como el primer renglón de la economía en varios países de América Latina.

Incluso, el mismo Parque Nacional Natural Tayrona, en la Sierra Nevada de Santa Marta, es un ejemplo perfecto de que la conservación puede coexistir con el turismo cuando existe planificación y se realiza la gestión apropiada.

Por eso no tiene justificación alguna que parques naturales como Gorgona, Utría y Bahía Málaga lleven meses, incluso años, cerrados al público porque se vencieron las concesiones y desde el nivel central no se ha hecho lo suficiente para abrir nuevamente concursos, como lo evidenció el informe exclusivo publicado por este diario hace un par de semanas.

El turismo sostenible es una realidad y para su desarrollo basta con que el Gobierno Nacional establezca unas políticas claras y un enfoque integral donde se reduzca al mínimo el impacto ambiental y se establezca un equilibrio entre conservación y desarrollo económico.

Porque además de santuarios y espacios de conservación, estos parques naturales son también el motor de pequeñas economías locales de comunidades que se ven obligadas a pagar un precio demasiado alto por la indecisión, los debates técnicos y la burocracia de un gobierno que no los tiene como prioridad en su agenda.

Lancheros, guías, operadores turísticos, empleados de restaurantes familiares, pequeños hostales, artesanos y comerciantes minoritarios que permanecen parados en municipios como Guapi (Cauca) y Buenaventura (Valle) viendo como la indecisión del Gobierno se convierte en otra muestra de abandono estatal.

Con un agravante, y es que el Gobierno Nacional ha destinado cuantiosos recursos para habilitar parques naturales como Gorgona al turismo y se han contratado estudios técnicos y obras de infraestructura que ahora están sometidas al deterioro natural por el paso del tiempo sin que hayan entrado aún en funcionamiento.

Un escenario que abre espacio para que bajo la mesa se realice un presunto turismo informal como el que se habría hecho en el Parque Natural Gorgona y fue denunciado ante los entes disciplinarios y de investigación.

Preservar los parques naturales como santuarios de flora y fauna es una obligación del Gobierno, pero hacerlo integrando a las comunidades, con el equilibrio que permita abrir estos espacios al turismo y el desarrollo económico, debe ser una prioridad impostergable.