Esta semana se cumple el segundo mes de la llegada al poder del presidente Abelardo de la Espriella y poco a poco empezamos a conocer los detalles y las formas que definirán su mandato. Es cuestión de semanas, si no de días, para que el país observe las primeras encuestas de aprobación de su inicio de gobierno.
De la Espriella ha entendido bien que la principal preocupación de los colombianos es la seguridad ciudadana y rural, comprendida como la lucha contra las bandas delincuenciales y las organizaciones al margen de la ley que en los últimos años han crecido de forma aterradora. Los resultados en esta materia, en menos de diez semanas, dejan muchas inquietudes sobre los acuerdos alcanzados por el gobierno anterior con la ilegalidad, desde las imágenes como la del presidente Petro compartiendo tarima con jefes de oficinas del crimen en Antioquia hasta la delegación de varios líderes de la ilegalidad como ‘gestores de paz’ pocos días antes de las elecciones presidenciales. Entre un gobierno que enfrenta al crimen y uno que construyó cuestionables alianzas con sus jefes dentro de la cuestionada ‘paz total’, me quedo mil veces con el que sí los confronta.
También en el campo de la comunicación, el presidente y su equipo han construido una estrategia que se aleja del caos de las declaraciones de la administración anterior, recordada por las peleas públicas entre altos funcionarios y los trinos delirantes del expresidente Petro que en tantos problemas metieron al país. Sus alocuciones son mucho más cortas y casi siempre de carácter semanal. En ellas, el presidente De la Espriella no recita frases de Churchill ni parece preocupado por ser visto como un estadista, sino que busca hablar en el idioma de los ciudadanos de a pie y resolver los problemas que los afectan.
En su estilo de comunicación, De la Espriella busca enfrentar el fantasma de la caída en la popularidad del expresidente Duque, quien fue elegido por el uribismo, pero en muchos momentos buscó dar giros más moderados. El presidente Abelardo de la Espriella hace parte de quienes creen que a Duque le faltó contundencia, dando prioridad a su búsqueda de tener felices a todos y de evitar el aumento de la tensión social. Por eso su decisión parece ser lo contrario: jugársela por una agenda divisiva y definida. Lejos del estilo improvisado del gobierno anterior, cada decisión que toma el presidente es el resultado de largos análisis con su equipo, siempre en busca de aumentar la popularidad de su mandato. Cuando esto ocurre, trae de la mano un enorme riesgo: el descuido de las decisiones responsables en busca de aplausos y de subidas en las encuestas.
La gran pregunta que me ha invadido en las últimas semanas es si las noticias en materia de seguridad, el enfoque claro del gobierno hacia el orden público y el estilo de comunicación del presidente darán una sorpresa en las encuestas. Y esta debe ser también la pregunta que se hace el expresidente Petro en cabeza de la oposición, porque si De la Espriella logra ser un presidente popular, la izquierda –y especialmente el petrismo– verán un inmenso cambio en sus planes. Después de haberlo llamado ‘Abelardo el breve’, el expresidente Petro dejó claro que su respuesta a la derrota de su candidato estaría tan alejada como fuera posible de la postura de un demócrata incondicional. Y en gran parte depende de la pérdida de prestigio y credibilidad del presidente, a quien acusan de haber ganado con fraude –sin la menor prueba para sustentar semejante tesis–.
La izquierda, con su táctica tan cuestionable de llamar ‘ilegítimo’ a De la Espriella, le apuesta a cultivar la impopularidad del mandatario y asume, de entrada, que el suyo será un gobierno con altos niveles de rechazo. Y sobre esa premisa, Petro y su partido han construido uno de sus proyectos más concretos, al cual se refieren con frecuencia en las redes sociales y en los discursos en la plaza pública: conjurar una gran protesta nacional contra el presidente ante la primera oportunidad que encuentren.
Donde Abelardo de la Espriella dé una sorpresa en las encuestas del primer semestre de su gobierno y se consolide como un presidente popular, la estrategia del petrismo perderá el norte que han decidido establecer: el de atacar la legitimidad del presidente y su gobierno en vez de sus propuestas e ideas.
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