Entre los discursos altisonantes del Presidente, sus trinos, los anuncios descoordinados de los ministros y el desconocimiento que muchos de ellos demuestran de los temas a su cargo, resulta muy difícil entender hacia donde vamos. Mucho menos afirmar que se ve una estrategia clara en la mayor parte de los frentes. Especulando con lo que se conoce o se intuye, hay una serie de elementos que despiertan bastante preocupación.

Se habla de gobernar con los desfavorecidos y con aquellos que no se benefician del progreso y que son explotados por unos ricos que se llevan todas las utilidades. Pues bien, en lugar de buscar que sean muchos más los que se puedan beneficiar del crecimiento y de la protección social, con proyectos como el de la reforma laboral, lo que se plantea es aumentar el trabajo informal y alejar a muchos de los privilegios que buscan aumentar para quienes hoy tienen trabajo. Cuando se pregunta que es eso de la economía popular, un alto funcionario respondió que se trata de multiplicar “la magia de San Victorino”. Es decir, más y más informalidad.

Por otro lado, con un simplismo que desconcierta, la propuesta del Presidente para impulsar la economía es subir aranceles. Parece que nadie le ha explicado que el impacto de estas medidas lo que genera es encarecimiento y un contrabando desbordado. Es decir, por este camino iremos de nuevo a la proliferación de los, ya pasados de moda, San Andresitos, que resurgirán por todos lados. ¿Y será que ellos van a pagar impuestos? Con la laxitud con los delitos que promueve el Ministro de Justicia y esa cosa incomprensible de la Paz Total lo que aparecerán son nuevas oportunidades para las mafias y los lavadores de dinero alrededor del contrabando.

Esto está íntimamente ligado a la corrupción y esa es una palabra que parece no inquietar a Petro, que entre todos sus pronunciamientos y trinos solo muy raras veces la menciona. Desafortunadamente, con medidas como las de los aranceles, con utopías como las de contratar eficientemente billones de pesos con las juntas de Acción Comunal, con su empeño por volver a los tiempos del Seguro Social en salud y relajar normas de contratación lo que se puede disparar son las oportunidades para la corrupción.

Petro puede seguir hablando de que va a salvar la humanidad y que se va a volver el gran líder continental (con la curiosa estrategia de dañar las relaciones con muchos países), pero alguien debería hacerlo caer en cuenta que eso no es lo que demandan los colombianos. Lo que se requiere es empleo digno, seguridad física y jurídica y lucha contra la corrupción. Petro olvidó que los votos de Hernández, más que por la persona, eran por el rechazo a la corrupción que ofrecía.

Si Petro insiste en crear las condiciones para más corrupción, para más informalidad y para menos seguridad la aprobación seguirá cayendo y vamos a terminar con un período presidencial perdido donde no se hicieron los cambios que el soñaba y si se desmejoró la calidad de vida de los colombianos.