La posible compra de la represa de Salvajina por parte de Emcali sería un paso acertado para Cali y la región frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las tensiones sociales locales. Construir resiliencia exige integrar la naturaleza y la acción climática en la planificación territorial. Celsia y Emcali negocian la transferencia de la titularidad de Salvajina a cambio del 18,06 % de participación accionaria que la empresa pública posee en Celsia Colombia, con lo cual la central pasaría a ser operada por los caleños hacia 2027.

Nunca me olvidaré de oír ese tremendo nombre desde joven, Salvajina, pues en 1983 oía historias de mi tío Armando Garrido Otoya, que estaba involucrado en la obra civil con Conciviles. Salvajina entró en operación en 1985 y fue concebida luego de una devastadora inundación de la ciudad en 1950. En ese entonces, Ciro Molina Garcés, José Castro Borrero y Bernardo Garcés Córdoba, entre otros líderes vallecaucanos, se juntaron para promover la idea de replicar en Colombia el modelo de desarrollo de cuencas de la Tennessee Valley Authority (TVA) de Estados Unidos. Así, se apalancaron en David Lilienthal (exdirector de la TVA) para hacerle el pitch de la creación de la CVC a Rojas Pinilla. Preciso, en 1954, por decreto presidencial, se creó la CVC como la primera corporación autónoma regional del país. Su mandato original no era meramente ambiental, sino el desarrollo integral de la cuenca del río Cauca, teniendo a Salvajina como el eje técnico central del plan maestro.

Esta represa representa mucho más que su capacidad de generación -de 315 MW de potencia instalada-, pues constituye una pieza clave en la megacuenca del río Cauca. En invierno retiene crecientes del río Cauca para evitar inundaciones en las zonas planas agrícolas y urbanas (como el sur de Cali y el distrito de riego de Roldanillo-La Unión-Toro) y en verano libera agua para mantener un nivel mínimo en el río Cauca, asegurando la captación de agua potable para Cali en su planta Puerto Mallarino. Salvajina constituye, pues, una pieza clave en la megacuenca del río Cauca, ya que capta la escorrentía del Parque Nacional Natural Munchique, haciéndola un nodo fundamental para la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y la seguridad energética en el suroccidente colombiano.

El eventual retorno de Salvajina a Emcali, operada en sinergia con la CVC, responde a una visión de capital público orientada a la resiliencia climática del suroccidente. Mientras que para Celsia la central representa un activo hidroeléctrico de mercado, la región necesita un actor cuya misión priorice el territorio. Así, la potencial transición cobra sentido regional, pues la gestión de Celsia no ha priorizado la financiación de la conservación en el PNN Munchique, al tiempo que mantiene pasivos sociales significativos con el Cabildo Colonial de Honduras en Morales, Cauca. La sostenibilidad de una megacuenca no puede depender exclusivamente de lógicas corporativas.

Esta jugada sería un acierto en planificación de capital alineada con el clima y la naturaleza para construir resiliencia mediante inversiones estratégicas. Las ciudades deben desarrollar la capacidad de resistir, adaptarse y recuperarse ante choques climáticos, pérdida de biodiversidad y desastres para proteger a sus comunidades. Las inversiones en infraestructura reducen riesgos, previenen la mala adaptación y transforman desafíos en oportunidades. La articulación Cauca-Valle, CVC-Emcali y Parques Nacionales solidificaría la gobernanza en un bloque energéticamente clave y socialmente vulnerable.

Finalmente, integrar soluciones basadas en la naturaleza en el bloque Salvajina-Munchique generaría beneficios estratégicos: restauración ecosistémica mediante reforestación frente a los cultivos ilícitos, acceso a mercados de carbono y financiación verde, así como mayor bienestar para los resguardos indígenas y la ciudadanía caleña.