Sí, qué tan bueno fuera que, por lo menos en estos días santos, los hombres y las mujeres de bien pudieran escaparse de la depravación de los malos. Que hubiera una meditación en la que los perversos reconocieran los yerros pasados y se miraran con honradez, actuando en un futuro limpio y sano que a todos cobijara. Que los asesinos abandonaran su ruta de odio y de maldad, al igual que también lo hicieran los atracadores y los cuchilleros. Y los que gozan con el dolor ajeno, que causan con destreza y habilidad bien ejercitada.
A decir verdad, qué bueno fuera que los hombres (y mujeres) nos esforzáramos todos en pro de la paz y la justicia y en el ‘vivir sabroso’, como decía la vicepresidenta Francia Márquez, hoy un poco caída en desgracia ante los poderosos orgullo y ‘majestad’ del señor Petro.
Pero vaya, vaya que no, que eso no es posible, porque el ser humano nació, creció y sobrevive, unos por su trabajo honrado, otros por la inclinación ejercida con destreza hacia el mal, que llena de sangre y de dolor una gran parte de la historia. Como dijera Jean-Jacques Rousseau en su obra El contrato social, “el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe”. Y yo agregaría: ¿Y quién corrompe a la sociedad? Por supuesto, el hombre.
Lo grave es que, como lo distingue el derecho penal, el hombre puede llegar al crimen por un estado de necesidad, o por legítima defensa, o por la ocurrencia de factores superiores e insuperables. En la época del terrible dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, a quien asesinaron en Bolivia, la docta interpretación de ese crimen de Estado hecha por el gran penalista español exiliado del franquismo Luis Jiménez de Asúa fue la legitimación en el campo del derecho con la teoría del ‘tiranicidio’. Por cierto, el profesor Jiménez era el presidente de la República Española en el exilio y estuvo asilado en Buenos Aires, donde fue el gran maestro del Derecho Penal y de Gentes.
Ah, queridos lectores: pero aun en estos días santos y de recogimiento, se fragua en Colombia un plan que incluyó, de inicio, dar la libertad a un número grande de prisioneros en Medellín, altos asesinos, conforme a una secuencia que comenzó con Pablo Escobar y un cojo, que no quiero recordar, y otros cojos de sentimientos, con los cuales, en forma desafiante y descocada, se mostró el señor Petro en la plaza de la Alpujarra y selló con ellos un plan con el que saldrían en libertad, anulándose su orden de detención por la Fiscalía e inventando que ellos irían a ser los nuevos propulsores de la paz y la justicia.
Esto ocurría, contra el criterio de todos los que en Colombia sabemos un poco de derecho penal, el día 25 de junio del 2025 y nadie lo ha olvidado. También es de recordar que existe una parlamentaria en Medellín de nombre Isabel Zuleta, que prohijaba el manejo de estos malvados, cuya orientación se inclina hacia una política enderezada a profanar no solo el derecho, sino la democracia. Allí están ya gozando de la orden impartida, aun en estos días santos, por la sospechosa Fiscalía, sustentada en un falso acuerdo con el Comisionado de Paz.
La Fiscalía, ¡ah, la fiscal!, que mantuvo arrinconado y quieto el expediente y pruebas muy graves que comprometían al propio Petro y a un general de la Policía que había sido dado de baja en el gobierno anterior, pero que el actual volvió a incorporar con más poder, a favor del gran bandido de apodo Calarcá, más malo que Caín. Y todo esto en los días santos. ¡Señor!, apiádate de nosotros y no permitas más el triunfo de los malos.
Que nos van a ganar las elecciones con trapisondas y deshonestidades, ya se sabe. Pero podemos ganar con la limpieza de la democracia, la libertad y el derecho de que hablaba el tratadista ya nombrado Luis Jiménez de Asúa.
Finalmente, qué tal lo que ha ocurrido con acción directa y violatoria del derecho penal por parte del señor Petro, amparando al señor Ricardo Roa, con imputación directa en el caso del apartamento que sabemos y de la violación de los topes electorales de la campaña Petro, que se han convertido en acciones inanes. Como si al final de este gobierno nefasto estuvieran gritando llenos de orgullo: hemos gobernado a un pueblo que agacha la cabeza y se deja hacer lo que queramos. Sí, bien parece que tratan de convertir en realidad el dicho: la justicia es para los de ruana. Pero aquí pensamos y sabemos que este ha sido un gobierno desastroso, con ganas de perpetuarse.