Que al Presidente y a la Vicepresidenta les gusta viajar nos ha quedado claro. En últimas, vaya y venga si esas delegaciones rinden frutos y le traen beneficios al país. Eso está por verse. Pero como sus viajes no pararán, me atreveré a hacerles una propuesta de como alinear su pasión por el mundo con su lema de gobierno. Una propuesta sencilla de como lograrlo de forma coherente, armoniosa y útil, para Colombia avanzar a convertirse, algún día, en potencia mundial de la vida, si es necesario redoblar esfuerzos diplomáticos.

Petro podría comenzar con sus más cercanos: los de la izquierda latinoamericana. Venezuela es un factor obvio de inestabilidad regional. Le ha dado refugio al crimen y al terrorismo, ha fomentado grupos de paramilitares y ha ignorado el éxodo masivo de su gente. Para Colombia, la prosperidad de nuestro vecino debe ser una prioridad absoluta.

El Gobierno debería estar liderando esfuerzos globales por nuevamente buscar caminos para Venezuela y no por fomentar el Suahili. El Presidente tiene razón en que gran parte de la solución a las olas de migración desde Venezuela requieren mejorar las condiciones económicas de ese país. Pero eso no depende solo de los gringos, como ha insinuado recientemente.

Venezuela no se acabó por el tío Sam, ni está en la olla por una conspiración extranjera. Las sanciones sí afectan de forma injusta a los venezolanos ordinarios, pero no son el origen del cáncer que hace mucho hizo metástasis. El esfuerzo de Petro debería partir de reconocer el desastre venezolano en todas sus dimensiones, incluyendo la asfixia a la democracia y la colusión con el crimen organizado. De ahí, tiene que remangarse para hacer algo y no solo esperar que desde el Norte haya tracción.

Brasil también debería ser prioritario en los tours mundiales. Con Lula al mando, Petro tiene una entrada fácil para poner sobre la mesa discusiones serias para atacar rutas de tráfico de minerales, narcóticos y armas por todas las vías fluviales de la Amazonía. El puerto de Santos es un epicentro logístico mundial para el comercio ilegal, por ejemplo, y el nordeste brasileño está incendiado por disputas entre criminales.

Ambos países, además, están exportando estructuras de crimen organizado a nivel regional. Frenarlo es urgente para todo el continente y para Colombia. La creciente presencia de los Trenes venezolanos y la probable expansión de los Comandos brasileños hacia acá son amenazas serias.

Francia, tan empeñada en acercarnos a África, debería también buscar frenar las nuevas rutas de narcotráfico que aprovechan el litoral de ese continente. Es por ahí donde ahora transitan grandes cargamentos de droga en su camino a Europa y Asia.

Y bueno, hay mucho por hacer en casa. Pedir en el extranjero que otros hagan mientras acá estamos impávidos con los criminales y terroristas que aumentan su poderío tiene poca presentación. Para Colombia ser potencia mundial de la vida no basta con preocuparse solo por la fauna y la flora.