La captura de Nicolás Maduro y de su esposa, en el Palacio de Miraflores, en Caracas, es un evento importante por sus repercusiones internacionales, por las relaciones que se entablan entre el Gobierno norteamericano y el venezolano, y por su fuerte incidencia en Colombia. Se han difundido todo tipo de análisis sobre los hechos en el vecino país.
Muchos de los argumentos se dan como una explicación absoluta de lo acontecido, cuando lo cierto es que se trata de un evento resultado de múltiples factores, con diferentes niveles de explicación. Parece relevante resaltar una discusión sobre principios normativos, otra sobre la evolución de los hechos y finalmente unas ideas sobre lo que conviene como sociedad.
Creo que hay suficiente información que permite aseverar que el Gobierno de Maduro era ilegítimo, que era una dictadura opresora y violenta y que tenía una fuerte y diversa oposición ciudadana aterrorizada. También hay información que permite rechazar el asedio militar del Gobierno de Trump a Venezuela y la operación puntual para capturar a Maduro. Con la intervención, se afectó la autonomía y la soberanía nacionales, que no se hizo amparada en la legislación internacional. Más bien amparada en la actuación de Trump como un Sheriff que procede con su propia ley, orientado por la codicia de la riqueza y por mantener su dominio, no en todo el mundo porque no puede, sino primordialmente en el hemisferio occidental.
Aunque es importante sostenerse en los principios normativos en contra de Maduro y de Trump, es necesario tener en cuenta los acontecimientos y su posible evolución. Lo que se vive hoy en Venezuela es una gran inestabilidad que no es conveniente para el pueblo venezolano. Trump se ha aliado con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y se ha distanciado de la oposición liderada por María Corina Machado. Esto se puede entender como una táctica para lograr una recomposición interna del grupo de poder y especialmente del apoyo de los militares, dada su posible fragmentación. No se puede descartar que, en el proceso, el apoyo militar chavista se debilite, que surja de nuevo María Corina y que Trump termine apoyándola. Pero, en mi opinión, el sector estratégico que también va a tomar fuerza está entre dos polos, entre quienes apoyan a Delcy Rodríguez y quienes respaldan a María Corina Machado. Es la base social de una alternativa que puede ser genuinamente democrática. Tiene una tradición de intelectuales y académicos notables con apoyo en la sociedad civil.
¿Qué nos conviene? Sin duda, que alguna forma de democracia se consolide en Venezuela. Esto implica que se haga manifiesta la voz de la ciudadanía que no está en ninguno de los extremos, que puede lograr algún consenso a su alrededor y tener un respaldo, probablemente en una nueva constitución. Este nuevo grupo de poder puede tener el apoyo de la Unión Europea y, muy importante, de países de América Latina ,como Brasil, México y especialmente de Colombia que han permanecido a la expectativa de lo que sucede en el vecino país. La democracia no se va a fortalecer, si la sociedad venezolana no es económicamente sostenible y debe hacerlo restableciendo su actividad petrolera, en asocio con empresas extranjeras, exigiendo que todas las regalías le lleguen a la población que lo necesita urgentemente. En Colombia, la sociedad civil, los sindicatos y los gremios, deberían proponerse el apoyo a esta alternativa democrática. Además, venderle alimentos y medicamentos al vecino país, a precios no especulativos, para mejorar su situación de pobreza. Venezuela tiene la posibilidad de transitar a una economía sólida y a una democracia estable.