Gustavo Petro salió de la Casa de Nariño el 7 de agosto, y yo pensaba que ese día se iban a calmar sus duros opositores que durante los 4 años de la administración de izquierda no cejaron ni un segundo de agredirlo por lo que hacía y por lo que no hacía, por lo que decía y por lo que no decía.

Pero resulta que el 8 de agosto a todos les entró una especie de melancolía por la salida de Petro del gobierno y consideraron que, en vez de forzar sus brillantes mentes buscando temas más de actualidad, lo mejor era no soltar el mazo y seguir golpeando la testa despoblada del expresidente.

Los domingos en El Tiempo, leo a María Isabel Rueda, y dale con Petro. Ese mismo día, en las columnas de Néstor Humberto Martínez, de Mauricio Vargas y de Thierry Ways, pensé hallar tema distinto, pero al segundo párrafo, dale con Petro. En busca de un cambio extremo, me fui para El País de Cali y qué encontré: a mi querido amigo Kiko Lloreda, dale con Petro; y para dolor de mis dolores, alguien tan sensato y de ánimo tranquilo como mi entrañable camarada Eduardo José Victoria, dale con Petro.

Voló mi imaginación a otros periódicos importantes de provincia, puse ante mis ojos El Colombiano, y el editorial escrito por la prestante directora, dale con Petro. Tomé un imaginario bus para ir a Barranquilla, compré El Heraldo, y varios de sus colaboradores, dale con Petro.

No seguí buscando, pues llegué a la conclusión de que todos ellos le están haciendo un inmenso servicio al exmandatario, pues lo tienen elevado al sitio de superestrella, y eso le da vigencia para la gestión política que se propone emprender, que no es otra que hacer un frente de oposición juntando a los varios partidos progresistas colombianos al gobierno de Abelardo de la Espriella, que a solo dos meses de asumir el cargo ha mostrado más de una faceta de su extrema posición de derecha.

Caen en el ridículo quienes dicen que Petro fue derrotado aparatosamente en la elección presidencial, cuando lo cierto es que los votos por Cepeda fueron conducidos a las urnas por la fuerza electoral de Petro, y no puedo ocultar una cierta sonrisa cuando me acuerdo de que la diferencia entre los dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta fue solamente de 250.000 votos, de los cuales 70.000 en Colombia y el resto en las urnas colocadas en países extranjeros.

Cuando un líder político cuenta con 12.317.200 votos, no está derrotado porque en la procelosa historia colombiana jamás un dirigente muestra un caudal electoral de ese volumen, que es con el que arrancará Petro para su empeño de reconquistar el poder para las fuerzas progresistas.

No hay en Latinoamérica un jefe político con mejores credenciales que el exmandatario colombiano. Conoce como pocos lo que piensa el pueblo y tiene a su favor la elocuencia necesaria para hacerle creer a ese pueblo que es su intérprete, y que nadie como él tiene la capacidad de solucionar sus graves problemas.

Y va a tener a una coequipera inmejorable, su hija Antonella, una linda chica que acaba de culminar su bachillerato y ya le picó la avispa de la política y todos los días manda por Instagram un video suyo comentando la actualidad nacional e internacional. Esos mensajes están calando hondo en la opinión y estoy cierto de que Antonella, una vez termine sus estudios universitarios de Ciencias Políticas, se convertirá en la gran dirigente de la izquierda colombiana.