Empezó a viajar desde muy niño; fue el primer colombiano en cruzar a nado el Canal de La Mancha, y destacado lingüista de la Universidad de Lunds, en Suecia, donde hizo amistad con el entonces primer ministro Olof Palme. Dirige hoy una fundación que entrega gratuitamente macroproyectos a la clase política y ha tenido toda la vida pasión por el cine.

Lleva en su nombre un estadio, pero también parte de la historia de la ciudad donde ha sido líder cívico, promotor de obras en el campo del deporte, director de cine, difusor de ideas, hombre de mundo, cultivador de varias lenguas, amigo de poetas, pintores e intelectuales.

Es Pascual Guerrero, hijo de quien llevara el mismo nombre y se hiciera inolvidable en la comarca vallecaucana. Fue su progenitor el que acopió esfuerzos, animó voluntades y dio inicio a la obra del estadio ubicado en el barrio San Fernando, el mismo que hoy lo recuerda en cada partícula de su estructura, perennemente.

Pascual es un caleño universal, aunque nació en Barranquilla en 1938, en el Hotel del Prado, hijo de Pascual Guerrero Marmolejo y María Luisa Arana Castaño. Su padre había sido enviado como gerente de Aduanas a la capital del Atlántico y fue por ello que el nacimiento de Pascual se dio ahí. “En esa época no se nacía en las clínicas sino en la casa, y la residencia de nosotros era el Hotel del Prado, recién estrenado”, dice.

Su padre nació en Palmira y fue nombrado como uno de los “Cinco jinetes huérfanos de la poesía colombiana”. Ricardo Nieto le presentaría al poeta nicaragüense Rubén Darío, cuando este visitó el Valle del Cauca. El bardo, reconocido como padre del Modernismo, le aconsejó ir a Cuba, porque ahí estaba concentrado todo el movimiento literario de la América del Sur y el Caribe. Fue así como viajó a la isla en 1915; pasó inicialmente por Panamá, donde hizo parte de la incipiente administración del Canal. En Cuba fundó el Centro Literario de Santiago, incursionó en la política y participó activamente en la segunda revolución de 1929. Decidió volver a Colombia y se envolvió en la política; un día decidió regalar al Municipio de Cali los terrenos de su finca en San Fernando para la construcción del estadio. Ya como secretario de la Asamblea del Valle del Cauca, animó la ordenanza que permitió la construcción del escenario deportivo. “Todos heredamos algo de mi padre; hemos sido viajeros y deportistas, y los tres fuimos campeones nacionales de natación”, manifiesta Pascual, quien temprano se asomó al mundo. En ocasiones, su familia y amigos recibían noticias de él, desde la fría Suecia, desde India o Pakistán, o desde los canales de Amsterdam. Al despuntar los años 70 fue visto en Port Lligat, en la costa catalana, junto a Salvador Dalí, quien le propuso hacer la película de los últimos años de su vida, encargo que no aceptó porque consideró que no era el director adecuado para ello. El filme se realizó finalmente, y Pascual se arrepintió de su decisión. Pensó que lo hubiera hecho mejor.

Todavía nada a alta velocidad en las piscinas y trabaja doce horas al día. Tiene como hobby los audiovisuales, el cine. Se emociona con películas como el ‘El abrazo de la serpiente’, del director colombiano Ciro Guerra, y piensa que quien pudo producir un filme de esta calidad conoce muy bien el mundo del yagé: “La gente la ve en blanco y negro, pero miro otros brillos, otras cosas. Reconozco los verdes. Veo ahí el cine clásico, ‘Aguirre y la ira de Dios’, ‘Acorazado Potemkin’, comenta.

En los años 70 se le ocurrió filmar un ‘West Side Story’ caleño, la película ‘Tacones’, donde llevó a escena la inquietud cultural que planteara Andrés Caicedo Estela en su novela ‘Que viva la Música’, la rivalidad entre las pandillas del sur y las del norte de Cali; el rock, que estaba al otro lado del río, enfrentado a la naciente salsa. En su película aparece por primera vez la actriz Margarita Rosa de Francisco, así como el bailarín, legendario, Evelio Carabalí, con Esmeralda, su pareja. Este set de Carabalí desplegando sus pasos en una discoteca de Cali ha sido profusamente difundido hoy, para comparar la salsa de entonces con las acrobacias de hoy. Pascual Guerrero fue también el director de la película ‘El lado oscuro del nevado’.

En Inglaterra estudió vitrales, una devoción que inició en la Catedral de Canterbury. Fue el primer colombiano que cruzó a nado el Canal de La Mancha en 1960, en una proeza que duró trece horas y media, de Inglaterra a Francia. Fue luego entrenador nacional de Natación en Suecia, Dinamarca, Noruega y Aruba. Nadó 30 kilómetros de Capri a Nápoles y en las heladas aguas de Escocia y Gales. Entrenador y consultor de natación en Colombia, México y Perú, recuerda que ejerció estas actividades como ‘hobby’, pues no recibía un peso por ello. En sus prácticas de alpinismo, puede decir que conoce todas las montañas de Colombia y Ecuador. Escaló el Chimborazo y el Cotopaxi; esta última expedición la realizó con dos cuchillos que iba enterrando en el hielo, y unas botas. Un día por poco pierde la vida en el Nevado del Ruíz. Cayeron a una grieta y todo el mundo quedó colgando.

En Suecia estudió sociología; se dedicó al urbanismo, historia del arte, cine, y finalmente a la Lingüística Aplicada. Ahí, en Lunds, fue presidente de la Asociación de Extranjeros. Trabajaba con el gobierno sueco, con la Social Democracia. Habla nueve idiomas. Su familia está regada en Estados Unidos, Suecia y Francia.

Apenas una breve semblanza del buen Pascual.