Haz tu propio trabajo en esta vida espiritual. Dios ayuda a las almas que se ayudan a sí mismas.

Nunca aprendes sin dar lo mejor. No puedes enseñar a un niño si se lo haces todo.

Al principio sus acciones son lentas o vacilantes, tienes que quedar al margen y ser muy paciente.

También tu trabaja con mucha paciencia y con mucho amor. Dios ve cómo haces tu propio trabajo.

Hay errores. Pero recuerda siempre: te beneficiarás de tus propios errores; nada es en vano.

En todo momento estás aprendiendo nuevas lecciones y avanzando por el camino espiritual.

Cada paso, por pequeño que sea, te lleva más cerca de la meta, que es amarte y amar de verdad.

Siente que eres uno con Dios. Date cuenta de que no hay separación y de que todo es uno.