En la carrera por la competitividad, Colombia enfrenta un desafío que no se resuelve solo con infraestructura, sino con neuronas. Sin embargo, el mapa del conocimiento tiene una grieta profunda: la brecha de género en la investigación. Según las cifras de graduados provenientes de la base de datos consolidada del Snies - Ministerio de Educación Nacional, para el año 2024, en las maestrías las mujeres somos mayoría con un 54,45 % (21.395 graduadas). Pero al llegar al doctorado la cifra se desploma: el nivel doctoral representa apenas el 0,25 % de los graduados del país, y allí solo el 42,5 % son mujeres. A nivel global, el rezago es crítico: mientras Suiza gradúa a 518 doctores por cada millón de habitantes, Colombia apenas alcanza los 25,5.
Esta distancia no empieza en la universidad; se gesta incluso desde el aula de preescolar, dado que desde los cinco años ya existen brechas de género marcadas. Según diversos estudios, a esa edad las niñas empiezan a asociar la ‘brillantez’ predominantemente con los hombres. Esta construcción cultural deriva en que los niños crezcan con la percepción de que el espacio público, la cancha y el laboratorio les pertenecen, mientras que las niñas suelen ser relegadas a roles operativos o ámbitos domésticos, haciendo un menor uso del espacio público disponible. Si realmente queremos más mujeres científicas, estas brechas de infancia se deben corregir. Es vital fomentar espacios de cuestionamiento y reflexión en las niñas; si no incentivamos su curiosidad para que reclamen su lugar en el mundo, seguiremos perdiendo científicas antes de que aprendan a leer.
En el Pacífico colombiano, esta brecha cultural choca con muros estructurales. La región solo concentra el 9,52 % de los investigadores con posgrado del país. Aquí, las académicas enfrentan ‘suelos pegajosos’ (ejemplo, la carga desproporcionada del cuidado) y ‘techos de cristal’. En las universidades públicas de la región, la brecha entre hombres y mujeres investigadores es de 28,86 puntos porcentuales, mientras que en las privadas es de 10,5 puntos.
Invertir en ellas es una cuestión de equidad. Es fundamental investigar temas vinculados a la vida de las mujeres, aportando perspectivas que la ciencia tradicional suele ignorar. Una mujer liderando un laboratorio en Chocó no solo produce artículos; produce soluciones situadas para problemáticas reales, como la fitorremediación en suelos mineros o el aprovechamiento de subproductos de pescado en Tumaco para la autonomía económica.
Si aspiramos a un 2026 más justo, la tarea de las instituciones es doble: deben desafiar los patrones culturales que apagan la curiosidad de las niñas y, al tiempo, diseñar sistemas que reconozcan los ciclos de vida femeninos. No basta con abrir la puerta; es imperativo financiar con enfoque de género, proveer apoyos reales que alivien la carga del cuidado y visibilizar referentes que conviertan la ciencia en un destino deseable y posible para todas. Por supuesto, este no es un esfuerzo que la academia o el Estado puedan realizar en solitario; la sociedad civil es la pieza que sostiene el cambio. Nos corresponde a todos y todas replantear las creencias que limitan el potencial de las niñas y las mujeres desde la mesa del hogar y el aula de clase, desmantelando el prejuicio silencioso de que hay mentes ‘naturalmente’ aptas para la ciencia y otras destinadas solo al servicio. Debemos fomentar discusiones abiertas que cuestionen por qué seguimos invisibilizando el conocimiento producido por mujeres y abrir canales de participación donde sus voces sean autoridad, no una excepción.
En este contexto, la labor del Fondo para la Investigación de la Fundación WWB Colombia ha sido una brújula. Con una inversión de más de $7000 millones en 141 proyectos, han logrado que el 72 % de sus iniciativas sean lideradas por mujeres. El Fondo apuesta por investigar los retos y oportunidades de las mujeres en la ruralidad, reconoce las labores de cuidado y fomenta el liderazgo de investigadoras comunitarias. Con un 90 % de sus beneficiarias aún vinculadas a la ciencia, queda demostrado que creer en el potencial de las científicas es apostar por el avance del Pacífico y de toda Colombia.
*Directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia