Sin duda a nosotros los humanos los que estamos vivos en estos tiempos, nos ha tocado vivir la cúspide de los momentos más difíciles de nuestra especie. Estamos en el punto de quiebre donde o nos vamos pa’l abismo o corregimos el rumbo de nuestro existir. Pero no voy a escribir en esta columna de lo que vengo escribiendo por mucho tiempo, el tema del abuso sobre los recursos naturales y sobre las otras especies.
Sentado en mi escritorio a las 4:51 de la mañana, mientras intento esbozar las reflexiones para escribirlas, paso por enfrente mío una lagartija sin ningún afán y sin ninguna preocupación, solo en busca de un insecto para comer. Sin querer queriendo (como dijo el Chavo) ella me ayudó mucho a poder tener más claridad sobre que escribir.
Nosotros en este momento de la vida, “no sabemos si comernos un chicle o irnos para Nueva York”, como dice mi amiga Elisa. Sí… nunca estamos satisfechos con nada, siempre queremos más y me refiero no solo a lo material, sino a lo emocional y espiritual.
En lo material, en un mundo movido por las redes sociales donde nos inundan con ofertas permanentes de millones de productos, muchas veces terminamos teniendo dos y hasta más, de las mismas cosas, una necesidad de estar comprando y comprando para llenar vacíos.
En las búsquedas espirituales, buscamos por aquí, buscamos por allá, eso no quiere decir que sea malo, solo que muchas veces, más que tranquilidad nos trae más confusión. Nos llegan más inquietudes que respuestas. Muchas veces se nos olvida que la espiritualidad está más en lo sencillo que en lo muy elaborado (dijo la lagartija), muchas respuestas están en la naturaleza y en la flora y la fauna. Para mí está en subir a la montaña y observar la grandeza y la magnitud de los Farallones, allí logro por instantes conectarme con el Todo. Vuelvo y aclaro, las búsquedas son buenas, pero desembocarnos…no.
En la búsqueda de una estabilidad emocional, pasa igual, por los vacíos que todos tenemos en nuestra parte afectiva, (y yo sí que los tengo) muchas veces la búsqueda es interminable porque siempre lo hacemos hacia afuera y no hacia adentro, pensamos que allá afuera está el príncipe azul o la princesa perfecta que no tenemos en casa. Nuestro ego siempre está al asecho tratando de ponernos la zancadilla. Todos venimos con un Cuerpo del Dolor que es lo que alimenta el ego y no deja florecer la esencia que es pura y está dentro de cada uno de nosotros. Nos desgastamos en los miedos y ansiedades del pasado y del futuro y se nos escapa lo único que es real: ¡El ahora! ¡El presente! Muchas veces ese ‘cuerpo del dolor’ es colectivo y venimos con patrones heredados de cientos y sino miles de años de dolor. El gran escritor de ‘El poder del Ahora’, el señor Echhard Tolle, en otro libro ‘Una Nueva Tierra’, un despertar al propósito de la vida, nos ayuda a entender un poco más sobre la complejidad de nuestro tejido emocional, ¡qué vivan las lagartijas maestras!
¡Hasta la vista amigos!