Divinidad, Padre y Madre, Pachamama, Jehová, Alá, Gran Espíritu, Wakantanka, Odín, la Matriz, Tonantzin, una variedad de nombres para una variedad de pueblos, una sola fuente, misericordiosa y amorosa, llena de compasión y sabiduría que habita en cada uno de nosotros sin distinción. Somos parte de esa divinidad; que honor ser uno con ese gran misterio y poder cumplir mi misión en este cuerpo terrenal con salud y gozo. En el respeto a las diferencias encuentro paz y armonía.

Agradezco esta oportunidad; elevo al cielo y desciendo a la tierra todas mis plegarias.

Tener un vaso de agua en las mañanas y pan en la mesa, poder respirar aire fresco; gracias, que así sea para todos.

Estoy aprendiendo a amarme más y de esa manera perdonarme y perdonar a otros, recibiendo el aval celestial y terrenal, y diario me empeño para que así sea, acompañado de evitar juicios, comparaciones, envidias, culpas y miedos, no caer en esa tentación. No es bueno mirar la paja en el ojo ajeno; puede ser que yo tenga una viga en el mío.

Me cuido a mí y a mi entorno para que estemos rodeados del bien, aceptando mi luz, como también mi sombra; de ella también aprendo.

Valoro mucho las otras especies que comparten este hogar conmigo, por lo cual cuido de la flora y la fauna, compañeros de viaje galáctico, en este globo que no para y diariamente se transforma. De los animales aprendo grandes lecciones como la lealtad y la inocencia; nunca guardan rencor.

Mi compromiso es esparcir bienestar a todos y buscar mi centro y mi respeto hacia mis acciones bien intencionadas. Recuerdo que la lluvia cae y refresca sobre todos sin distinciones de credo o color. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.

A los maestros que vinieron y vienen a enseñarnos, mis gracias totales; muchas veces vienen en forma de jardineros, taxistas, mujeres del servicio doméstico, campesinos y gente del común; se cruzan diariamente en nuestro camino; ojalá pueda siempre reconocerlos.

Tenemos el libre albedrío, por lo cual podemos elegir nuestro camino; intento que el mío sea el servicio. Me gusta conversar con los recicladores y habitantes de la calle sentado en un andén; tienen historias sorprendentes. No por algo a Jesús le gustaba la compañía de seres en condiciones no tan favorables; lo suyo no eran los reyes ni los fariseos. Que la energía vital divina y la compasión se derramen sobre todos.

Gracias nuevamente, gran divinidad… Con mi conexión hacia arriba, al cielo infinito, y hacia abajo a la madre tierra, encuentro sosiego y tranquilidad; no quiero desmedirme hoy y cada día sin decir gracias, gracias, gracias.