De no creer el enfrentamiento entre los partidos de derecha por la presidencia del Senado. Puja que llevaría al Centro Democrático a aliarse con el Pacto Histórico y al Abelardismo con fuerzas ajenas a su causa, incluido el Santismo. Fricción que va más allá de quién liderará el Congreso pues desnuda un forcejeo -que podría ser intestinal- por el liderazgo en la derecha, impactando la conformación de la nueva coalición de Gobierno en el Legislativo.

Disputan la dignidad los senadores Honorio Enríquez del Centro Democrático y Alfredo Deluque del Partido de la U. Ambos son de la Costa, como el nuevo Mandatario, el primero samario y el segundo guajiro. Y con carreras similares en el Congreso, uno en el Senado y el otro en la Cámara. Al momento de escribir, Deluque contaba con el apoyo de Cambio Radical, del Partido Conservador y la Alianza Indígena, lo que sumaría al menos 40 votos.

Enríquez tiene los 17 del Centro Democrático y uno de Jota P Hernández, para 18. Es decir, al concluir la semana faltaban por decidirse 45 votos, entre ellos, 13 del Partido Liberal y 26 del Pacto Histórico. Si los liberales se van con Deluque tendría los votos para ganar, pero si se dividen y junto con el petrismo apoyan al candidato del expresidente Uribe, otra será la historia; el Centro Democrático lideraría el Congreso y afianzaría su vocería política.

Pero, más allá de quien logre los votos, lo paradójico y muy preocupante de esta división por la presidencia del Senado es que el fiel de la balanza pareciera tenerlo Gustavo Petro, quien debe estar feliz. Si respalda al candidato del Centro Democrático podría asestarle un golpe a De la Espriella con un ingrediente adicional: contribuiría a tensar aún más la relación del expresidente Uribe y su partido con el nuevo gobierno. Todo un boccato di cardinale.

Hasta hace unas semanas prácticamente a nadie se le pasaba por la cabeza que Uribe y De la Espriella terminaran enfrentados y menos por la presidencia del Congreso. Comparten una misma ideología y han sido opositores acérrimos del actual gobierno. Y hace tres semanas, el Centro Democrático anunció que sería partido de gobierno. Todo parecía -o aparentaba- servido para que Honorio Enríquez o Daniel Briceño presidieran el Senado o la Cámara.

Pues no. Por una razón. El fondo de la discusión es quién se quedará con el liderazgo de la derecha en Colombia. Era previsible que De la Espriella buscara ser él, porque es el nuevo presidente y derrotó al Centro Democrático en la primera vuelta y algunos de sus asesores han manifestado además que Uribe es pasado. Lo más diciente: la solicitud al Consejo Nacional Electoral para que reconozca al movimiento Defensores de la Patria como un partido político oficial.

Pareciera que Uribe la vio venir y se anticipó a lanzar la candidatura de Enríquez al tiempo de expresar que su partido respaldaría al nuevo gobierno. Seguramente, pensó que con este anuncio y al ser la primera fuerza política de derecha en el Congreso, le darían el guiño a su candidato. No solo no ocurrió, sino que lo obtuvo Alfredo Deluque quedando en evidencia la división en la derecha, poniendo en máxima alerta al Centro Democrático, que se siente amenazado.

Mala cosa. Cuando el país más necesita de la unión de la derecha para que De la Espriella lleve a cabo un buen gobierno y evitar que la izquierda regrese al poder en 2030, ocurre lo descrito. No pareciera que a estas alturas del partido se logre un entendimiento pero la política es ‘dinámica’. Lo único cierto es que un inicio de gobierno con la derecha fracturada y enfrentada no solo no le convendría a la nueva administración, sino que sería una pésima noticia para Colombia.