Las candidaturas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales se van delimitando. Pero muy poco se ha reflexionado sobre los modelos políticos que defienden los candidatos. No basta con clasificar a unos como de izquierda, de derecha o de centro.

El candidato que tiene hoy más fuerza electoral y que muestra coherencia en sus puntos de vista es Iván Cepeda. Se dice, de manera errada desde mi punto de vista, que es un “petrista”, cuando realmente pertenece a una alianza amplia: el ‘Pacto Histórico’ que está a la izquierda de lo que queda del M-19 y claramente del Presidente. De ganar, Cepeda se va a distanciar de Petro, de la forma desorganizada y personalista de su gobierno. Iván se formó en la Juventud Comunista y posteriormente hizo parte de la Unión Patriótica, junto con su padre que fue asesinado.

La Unión Patriótica fue un partido que se conformó, a raíz de negociaciones de Paz del Gobierno con las Farc, para mostrar que era posible dejar la vía armada y pasar a la contienda política democrática. La Unión Patriótica logró alguna fuerza en el Congreso, en las Asambleas departamentales y en los Concejos municipales, pero muchos de sus líderes fueron asesinados o tuvieron que asilarse en otros países, entre ellos Cepeda y su familia. Desde entonces, muchas cosas han pasado en la política colombiana, pero Iván Cepeda claramente le ha apostado a construir la paz, ya sea con las Farc en el Gobierno de Santos, con el Eln, e incluso con la Paz Total, en el gobierno de Petro.

Hay que reconocer que es, por su formación y trayectoria, un comunista contemporáneo que promueve la paz y la contienda política democrática, sin armas. Tiene todo el derecho a serlo y a que se le respete como candidato, en una democracia. Si personalmente me distancio de su postura, es porque su programa ‘neo-estatista’ no le da lugar a la iniciativa privada, a la competencia y al mercado, fundamentales hoy para el crecimiento y la prosperidad económica.

Paloma Valencia viene del Centro Democrático y es apadrinada por Uribe, esencialmente un anti-comunista. Creció con la Gran Consulta del 8 de marzo y con su alianza con Juan Daniel Oviedo, con posiciones del llamado ‘centro político’. Esta alianza le permite abrirse y no caer en un negacionismo, difícil de entender por quienes tienen una perspectiva histórica de modernidad, es decir buena parte de los posibles electores: se incluyen temas como los Acuerdos de Paz de la Habana que han sido reconocidos internacionalmente, la JEP que muestra resultados indudables en justicia transicional y restaurativa, el apoyo a identidades sexuales diversas que ya cuentan con legitimidad en amplios sectores sociales.

En suma, no se le puede quitar a Paloma Valencia su tradición ‘conservadora’ que la vincula con la propiedad, la familia y una justicia concebida contra delincuentes que están por fuera de su visión conservadora del orden político. Paloma va a obligarse a desarrollar un discurso de ‘inclusión’ con los temas de Daniel Oviedo.

A la derecha de ella se encuentra Abelardo de la Espriella quien puede tener una fuerza electoral similar a la de Valencia, pero quien tiene una trayectoria muy cuestionable como abogado y un discurso que propone represión y violencia contra quienes se le opongan.

Es probable que Cepeda y Valencia pasen a la segunda vuelta. Va a ganar quien encuentre adhesión en posiciones social-demócratas que buscan el cambio dentro del orden. Ya sea Cepeda vinculando la iniciativa privada con su estatismo, o bien Valencia encontrando apoyos en la perspectiva de Oviedo. El centro tibio define todo.