¿Por qué los alemanes demoraron meses para colaborar directamente con la guerra en Ucrania y dotar a los ucranianos con sus tanques Leopardo 2 que tienen de sobra? ¿Por qué no cedieron ante las presiones europeas y norteamericanas para entregarlos si tanto se necesitaban? ¿Se dejaron insultar y responsabilizar de miles de muertos y heridos ucranianos que se habrían salvado al entregar los tanques a tiempo?

El mismo canciller Olaf Scholz aguantó las más duras críticas; lo tildaron de ambiguo, inseguro y débil. Solo ahora entendemos el porqué de sus vacilaciones cuando hace un par de días Alemania acordó finalmente enviar sus Leopardo 2 a Ucrania y le dio luz verde a países para que entreguen los que tenían en su posesión, a su antojo y sin pedir permiso -formalidad obligada según una cláusula comercial. Lo cierto es que pocos días antes, Polonia, cansada de esperar ya había advertido que la entrega de sus Leopardo 2 se imponía, con o sin el permiso de Alemania.
Toca precisar que hay unos 2200 tanques Leopardo 2 en manos de Alemania y de una docena de países europeos y otros, disponibles y que pueden ser entregados a Ucrania, con relativa facilidad.

¿Cuáles fueron entonces los impedimentos? El primero que se destaca es que Alemania no quiere volver a aparentar militarismos o participación directa en guerras ningunas. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha logrado mantener un perfil muy bajo en las manifestaciones bélicas, con la esperanza de borrar para siempre la odiosa imagen del nazismo que padeció y causó tanta destrucción y muertes. Por eso, no quería -por ningún pretexto por más valido que fuera- ser el primer país en entregar armas y escalar una guerra que pueda convertirse en una tercera guerra mundial. Es su trauma, su pesadilla, su manera de protegerse; de recobrar legitimidad y respetabilidad.

Los Leopardo 2 de hoy no deben recordar a los Panzer del pasado que invadieron a sangre y fuego Polonia y Francia y tantos otros. Los alemanes lo explicaron con toda franqueza. Para desenredar el problema y lograr que Ucrania tenga la posibilidad de seguir luchando contra Rusia, Estados Unidos tomó la decisión de enviarle de inmediato sus tanques ofensivos Abrams, que son muy pesados y muy complicados técnicamente, de mantenimiento costoso y difíciles de transportar.
Enseguida, Alemania actuó según lo prometido y declaró que ya no veía obstáculo ninguno para hacer lo mismo con sus Leopardos 2. Y Francia se unió a la iniciativa con sus Leclerc. El todo para darle a Ucrania la posibilidad de resistir una gigantesca operación ofensiva rusa (anunciada y confirmada) en su contra; los servicios internacionales de inteligencia la perciben para comienzos de la primavera.

Otros motivos de peso respaldan los temores de Alemania a la hora de colaborar con Ucrania en su guerra contra Rusia. Los alemanes y demás europeos entienden que dicha guerra no es solamente de Ucrania, sino de toda Europa y de la necesidad urgente de ganarla. Sopesando las consecuencias de su acción o inacción, escogieron apoyar a Ucrania ahora mismo, mientras Estados Unidos les colabora masivamente. Los europeos se dan cuenta que en las próximas elecciones norteamericanas puede registrarse un drástico cambio de política.

Si llegan a ganar los republicanos, con (por ejemplo) un Ron De Santis de presidente, Washington no será tan amigo de Europa, ni tan generoso con los ucranianos, como lo es el actual gobierno demócrata de Joe Biden. Recuerdan a Donald Trump quien después de posesionarse se acercó a Rusia y Putin, y amenazó con abandonar la Otan. De modo que, si toca neutralizar a Rusia, toca hacerlo ya. Mañana puede ser tarde.