Los conocedores del rock saben, por ejemplo, que Metallica no habría llegado a ser una de las más afamadas bandas de la historia, sin su líder James Hetfield; The Rolling Stones, no habría sido tal, sin Mick Jagger; ni Héroes del Silencio habría llegado a ser tan legendaria en el rock en español, sin Enrique Bunbury. A su vez, ni Hetfield, ni Jagger, ni Bunbury habrían podido solos llevar a lo más alto de la música a estas bandas, sin cada uno de los integrantes de su grupo.
Metallica, The Rolling Stones y Héroes del Silencio, entre otros grandes del rock han hecho historia en el mundo musical de su género porque entendieron algo simple pero profundo: Un verdadero ‘rockstar’ no es el que brilla solo, sino el que hace que su banda suene mejor.
El éxito de estas bandas me recuerda la conferencia y el libro del especialista en comportamiento humano y organizacional Sergio Nava, titulados Liderar como rockstar. En su propuesta, Nava establece una conexión interesante entre el liderazgo y el rock, y utiliza la música, de manera fresca y experiencial, para explicar el concepto del ‘líder amplificador’: aquel capaz de potenciar el talento de su equipo, logrando que todos “suenen” y brillen para alcanzar metas más ambiciosas.
En tiempos en los que el liderazgo se confunde con visibilidad y donde el brillo personal se volvió propósito, contrasta esta metáfora del líder ‘amplificador’ que propone Sergio Nava, refiriendo a la idea de un líder que no vive para ser escuchado él solo, sino para hacer ‘audible’ el talento de los demás. Navas propone en su método cuatro palabras -4H- como palancas para que los líderes logren mejores resultados: Hambre, Habilidad, Humildad y Hermandad.
Hambre es ir por más y mejores escenarios; pensar en grande y no tener miedo a soñar. Los sueños son lo que inspira nuestro camino. Buscar cerrar la brecha hacia lo que soñamos, convierte el deseo en dirección y nos impulsa a más y mejores escenarios.
La segunda palabra, Habilidad, es ser competente y buena persona. No puedes ser mejor líder, que persona. Todo liderazgo debe estar acompañando de humanidad y de empatía. Además, los retos que tenemos en lo cotidiano es lo que impulsa nuestra habilidad.
Luego viene Humildad: Permanecer en modo aprendiz, en constante evolución, reconociendo en cada día una oportunidad para hacer algo nuevo o algo mejor. O también para eliminar lo que no funciona o tener la capacidad de entender que siempre es posible mejorar algo que funcionó. A veces el problema de muchas organizaciones no es la falta de ideas, sino la incapacidad de soltar lo que cree seguro, aunque no funcione, y decidirse abiertamente al cambio.
Y la cuarta palabra Hermandad: El legado es un sueño compartido. La hermandad nos invita a ceder en individualismo para ganar en pertenencia y trascendencia. El verdadero trabajo en equipo consiste en el logro de los objetivos, pero el reflector cae sobre todos y el éxito no depende de una sola figura. Un verdadero líder comparte el reflector e impulsa a cada uno de los miembros de su equipo a ser cada vez mejores en lo que hacen.
La propuesta de liderar como rockstar nos muestra que el liderazgo hoy en día debe combinar el logro de los resultados con habilidades humanas y blandas; es así como lograremos la disrupción organizacional. Hambre con dirección, Habilidad con humanidad, Humildad práctica y Hermandad para dejar legado. Sugiere que liderar no es subir el volumen; es calidad de sonido. No es gritar más; es afinar. Es utilizar el escenario para impulsar a cada miembro de ‘la banda’ a dar su mejor versión y brillar, pues al final, como dice la letra de la famosa canción de Héroes del Silencio, “todo arde si le aplicas la chispa adecuada”.