Con el paso de los días, descubrimos que muchos de los afectados por el terremoto, son personas naturales o jurídicas más cercanas de lo que imaginábamos. Amigos que no sabíamos exactamente donde vivían y ahora hacen parte de los damnificados. Detrás de cada uno de ellos hay una historia, arranca con el sueño que con esfuerzo se hizo realidad, ladrillo sobre ladrillo y en ese espacio la familia que se levantó o vio el avance progresivo del negocio. Con créditos, apoyo de proveedores, viajes a traer ideas, se convirtieron en proyectos de vida e hicieron parte del éxito como familias o como emprendedores.

Así se hicieron profesionales muchos jóvenes, se construyó la iglesia, se dotó el consultorio del joven médico, creció la tienda del barrio o el restaurante de nuestra preferencia. Ver ese camino interrumpido por este evento natural ha sido muy duro, pero también una lección de resiliencia , de solidaridad y de conocer un poco más el interior de quienes han sufrido las consecuencias.

Una de esas marcas querida por los caleños, destino obligado de los visitantes foráneos por la calidad de la comida colombiana y por su servicio impecable es ‘Ringlete’, el famoso restaurante de Marthica Jaramillo que quedó destruido. La solidaridad alrededor de Martha ha sido enorme, hasta el presidente De la Espriella ha estado pendiente de ella y de la recuperación de sus servicios.

¿Que ha hecho Martha para que el cierre de ‘Ringlete’ nos haya afectado tanto? Las conclusiones tienen mucho de empresarial y de humanístico.

- Cada preparación de sus alimentos es una exaltación a nuestras raíces. Es la Colombia exquisita en el paladar, sin disfraces ni fusiones que desdibujen la autenticidad de lo nuestro.

- El servicio es una experiencia gratísima. Hasta un “recuerda que los domingos no hacemos reservas por la afluencia de público”, es dicho de una manera tan amable que hacer fila es programa. La relación cordial y respetuosa entre la propietaria y los empleados se percibe en el sentido de pertenencia de estos, demostrado en cada sugerencia del menú, en la toma del pedido, en el humor.

- El sincero compromiso social de Martha con las comunidades ancestrales. Es posible no encontrarla en el restaurante porque puede estar en la alta Guajira o en Putumayo acompañando comunidades indígenas, profundizando en su mejora y en la salvaguarda de sus tradiciones, entre ellas su cocina ancestral. Fue con el acompañamiento de Martha que una comunidad Tikuna de San Martín de Macayaco en el Amazonas ganó el Premio nacional de cocinas tradicionales de Colombia del Ministerio de Cultura.

- Sentido asociativo, gremial. Es frecuente verla dando, aportando, liderando el sector gastronómico de la región. Por esa actitud generosa en su vida, no se me hizo extraño ver en estos momentos de adversidad a sus colegas incluyendo en su carta sus platos insignia. Es larga la lista de la solidaridad de quienes pudiendo ser sus competidores son sus amigos.

¿Está cansada? No. Quiere demostrar su pujanza a su hijo; a su papá el profesor Hermínsul Jaramillo recordado como ‘Platanote’ o a su madre Lucía Salazar, quienes con orgullo ven que la semilla de maestros, sensibilidad social y de generosidad se dio con creces en ella.

¿Qué sigue? Ringlete se reducirá y del gran restaurante de 150 comensales pasará a 51, muy cerca, también en Granada , en la calle 15BN # 9A 27, en una callecita encantadora, que desemboca en las gradas para subir a Fátima y que me recordó al viejo Nápoles. Esta guerrera no se rinde; es una lección más de este terremoto que reivindica la calidad de nuestros emprendedores y la solidaridad de la comunidad. Con esa solidaridad y con apetito, desde este fin de semana iremos felices al nuevo Ringlete.