“Decid vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores” (San Agustín). El papa León XIV a los cardenales en consistorio del 26 de junio de este 2026 para escucharlos en ayuda para su pastoreo universal, les dice: “La unidad de la familia humana es un principio ético y ensalzó la importancia del testimonio cristiano. La Iglesia, al anunciar el Evangelio entre alegrías y persecuciones, nunca toma partido: es para todos, y a cada uno dirige una misma palabra de conversión y de salvación, indicó”. Y el papa Francisco, en un congreso de profesionales jóvenes de todo el mundo, sobre la manera de entrar al mundo de la política, les decía: “La política es el arte de la mejor expresión de la caridad cristiana, porque en ella se lucha por el bien común de todos, pero: ¿Dónde están esos políticos que evangelicen con el evangelio esa buena política? Se necesitan nuevos políticos”. Por último, quiero traer a esta reflexión los dos documentos que el papa León XIV, en su escaso año de gobierno de la Iglesia, nos ha entregado: “Quo Vadis humanitas y Magnifica Humanitas”, en las cuales retoma el avance de la cultura y la técnica actual, en donde la IA toma mucha importancia en la vida humana y, junto con todos los avances en la revolución digital, electrónica de los medios sociales de comunicación, están creando un nuevo hombre, que puede ser reemplazado en muchas de sus actuaciones por máquinas y así se pierde la identidad, la pertenencia, el sentido de humanidad.

En la visita que el papa León XIV hizo a España, últimamente, en su encuentro con la cultura, el arte, los artistas; el actor Antonio Banderas, tomando la vocería de los artistas, le decía: “La relación entre la Iglesia y el arte no ha sido solo fructífera: ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia humana. En el corazón de ese impulso creativo está quien atraviesa los siglos, los estilos y las culturas, y que con tal seguridad ha sido la figura más representada en la historia del arte: se trata de Jesucristo. El gran protagonista de la vida. En todas las artes, Cristo como una presencia constante. No como una imagen repetida, sino como un icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable. Santo Padre, yo estoy aquí por Godspell; es una obra de teatro musical creada en su país de origen. La traducción de Godspell al español es: El hechizo de Dios. Yo estoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Dios”.

Esta reflexión que propongo a todos los que con buena voluntad se acerquen a esta columna de opinión, es que nos demos un momento ya de parar la polarización política en la que hemos vivido en estos últimos tiempos, ya hay un hecho cumplido, se ha elegido presidente, hemos oído el resultado final, con todas las críticas y posibilidades de votación y circunstancias vividas, y en verdad la vida hoy sigue como el día anterior y debemos afrontarla, todos buscamos nuestra realización, queremos la paz, deseamos tener un trabajo digno que nos ayude a vivir y a realizarnos como personas en justicia, con dignidad y en libertad, buscamos que nuestros abuelos y nuestros niños tengan protección salud pronta y adecuada, que se abran las posibilidades de estudio y del conocimiento para avanzar, que haya fuentes de trabajo y que se respeten los derechos de todos porque se respetan las leyes, las normas y se aplica la justicia debida y prontamente. Cuando el 27 de Marzo del 2020, nos decía el papa Francisco, que estábamos en medio de una tormenta que nos tomó de improviso, y que todos estábamos en la misma barca, en tiempos del Covid 19, nos decía que como los antiguos marineros, cuando no había la técnica de hoy en día, ellos miraban al cielo, hacia arriba, y buscaban esa estrella del firmamento que los guiaba a puerto seguro, así nosotros levantémonos con esperanza, miremos hacia arriba, busquemos esa estrella que nunca se apaga: Jesucristo, y dejémonos hechizar por su mirada, para que al volver la mirada a la tierra, encontremos en nuestro hermano un amigo que quiere caminar junto a nosotros, para construir un nuevo País.

Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud.