Con el rostro demacrado e inconfundible muestra de angustia existencial, el expresidente Álvaro Uribe deja conocer su profundo dolor al manifestar que lo sucedido a Óscar Iván Zuluaga es una verdadera tragedia.

Entiendo perfectamente el dardo que atraviesa el sensible corazón del ‘gran colombiano’, porque el ilustre hijo de Pensilvania ha sido uno de los depositarios de su amor sublime, a tal punto que pretendió llevarlo a la primera magistratura, de la que estuvo a tiro de cauchera pues triunfó en la primera vuelta pero en la segunda le ganó el ‘traidor’ Juan Manuel Santos.

Es posible que a sus años, el jefe supremo piense que Óscar Iván es una manzana podrida en el cesto que aloja la pulcritud y el impoluto manejo de los recursos públicos, y que nadie bajo su comando ha incurrido en la práctica de aceptar dineros turbios para las campañas, o apoyos extranjeros para consolidar un proyecto político.

Difícil de aceptar que un personaje inteligente como Óscar Iván Zuluaga confiese que a su campaña de 2014 entraron por torticeras vías dineros para apalancarla, y que una cuestionada empresa brasileña haya girado gruesa suma a un publicista carioca por prestar servicios a su causa.

Y más incomprensible, que Zuluaga haya comprometido en ese enredo a su hijo David, joven filósofo graduado de las más prestigiosas universidades norteamericanas.

Juzgo que es injusto acomodarle al excandidato el fardo de ser el único autor de la ‘tragedia’ uribista. Si la memoria de Uribe no falla, debe de recordar que antes del ahora imputado hubo altos funcionarios de su gobierno que fueron a dar a la cárcel por diversos delitos, varios de ellos más graves que los que se endilgan al doble del conde de Transilvania, al que sólo le faltan los largos caninos para quedar idéntico a Bela Lugosi, en su inolvidable caracterización de Drácula, que saciaba su sed hincando los colmillos en los nacarados cuellos de lindas muchachas.

Alguien de su entorno debe de refrescarle la memoria a Uribe para que sus neuronas cerebrales recuerden que con los condenados alfiles suyos puede formar un equipo porque son varios los caídos en desgracias judiciales.

Andrés Felipe Arias, Sabas Pretelt y Daniel Palacio, ministros de Agricultura, Interior, y Protección Social, respectivamente; María del Pilar Hurtado, directora del DAS; Bernardo Moreno y César Mauricio Velásquez, en su orden secretario privado y secretario general de la presidencia; Jorge Noguera, director del DAS y Salvador Arana, embajador en Chile. Estos dos últimos condenados por asesinato, el primero por la muerte del profesor Alfredo Correa de Andreis, y el segundo por la de Eudaldo Díaz, alcalde de El Roble, Sucre, quien en consejo comunitario presidido por Uribe, a grito herido dijo que lo iba a asesinar el gobernador Arana, allí presente, lo que se produjo a los pocos días. Arana fue premiado con la embajada en el país de Neruda.

De cereza del pastel ahora fulge Óscar Iván. No soy penalista y por eso no puedo decir si las grabaciones que hizo Daniel García Arizabaleta y que tienen contra las cuerdas a su excompinche sean bastantes para llevar a la cárcel a Zuluaga por los delitos que se le imputan: enriquecimiento ilícito de particulares, fraude procesal y falsedad en documento privado.

Tiene razón Su Excelencia: lo que usted y su hueste están padeciendo es una tragedia, más griega que colombiana, similar a las de Sófocles. Solo falta el coro de plañideras.