Hoy voy a estar un poco cursi y sentimental, pero creo que son derechos que tenemos quienes escribimos y ya no sé ni para qué ni para quiénes.

Cuánto diera por volver a ser aquel muchacho soñador que recorría las callejuelas de San Antonio con un viejo código que me servía de disculpa para contar que iba a seguir los pasos de mi padre, ese ya por entonces un curtido abogado de la Universidad del Cauca.

La verdad, yo nunca quise estudiar derecho y que me perdone mi maestro Leonidas Chaux, porque aquí entre nos, mi viejo Mario F tampoco lo quiso.

En cambio, y a hurtadillas, me encantaba pergeñar las teclas del viejo Steck así fuera para evocar las centenarias canciones ya casi todas olvidadas.

Él y yo sabíamos que esa era la manera de comunicarnos con los demás y allí fue naciendo este periodista con Beatriz López, Amiel y Jorge Arturo Sanclemente, responsables de quien con los años se convirtió en Sirirí.

Y es que en el fondo, en esta columna y en otras actividades he perseguido servir a los demás que es una forma de retribuirle a la vida la oportunidad de participar en el quehacer de la comarca.

Pues miren cómo es la vida: ese afán de servir, de colaborar y de ayudar, setenta y pico años después se ha repetido en escenarios totalmente distintos e inesperados.

Mi nieto mayor Mateo Alejandro acaba de obtener su primer grado y contrario a lo que creíamos de que iba a seguir los caminos familiares de la jurisprudencia, haciendo un alto en su destrozamiento de pianos optó por medírsele al exigente y escurridizo mundo de las finanzas, siendo aceptado por una universidad gringa del más alto turmequé.

A mí que por estos días todo se me pasa, había olvidado que siendo muy niño promovió y creó una fundación familiar para ayudar a otros niños de escasos recursos con tal éxito que el día de su grado recibió un emocionante reconocimiento del Colegio Maya de la capital guatemalteca.

Y esto para mí tiene un nombre y un apellido: la Pasión por Servir, impronta que le acompañará en la vida.

Aquí podría repetir aquello que dice que “nadie sabe para quién toca”... El que entendió entendió…

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Posdata: Hoy a las 5:00 en la Plazoleta Central de Chipichape el piano tiene la palabra: un entretenido conversatorio para hablar del rey de los instrumentos con Óscar Jaime Cardozo, Elena Martínez, MF Piano y la voz de Diana Chicaiza.

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Posdata 2: Mi voto es por Paloma.

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Posdata 3: Y después, nos vamos a unir para no hundirnos.

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Posdata 4: Yo hablo bien de Cali. ¡Hazlo tú también!