Recientemente tuvimos el taller regional para la construcción del Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030 en la Universidad Javeriana de Cali, que contó con la participación de más de mil ciudadanos. En ese espacio, junto a los gobernadores del Valle del Cauca, Cauca y Nariño, se habló de lo necesario que es que el suroccidente colombiano no sea más sinónimo de pobreza, violencia e inseguridad y se convierta en una región referente de prosperidad y de desarrollo, no solo para todos los que vivimos aquí, sino para todo el país.

Los argumentos para estar convencidos de que es posible cambiar esta premisa son varios, empezando porque esta es la tierra de la biodiversidad donde está el Chocó biogeográfico. Solo en Nariño hay casi 12 mil especies registradas; Chocó tiene más de 1100 especies endémicas. No podemos perder de vista que en el Cauca es donde nace el agua del país. En el Macizo Colombiano está la estrella fluvial más importante: ahí nacen el Magdalena, el Cauca, el Patía y el Caquetá, ríos que recorren el territorio nacional.

Así mismo, somos una región competitiva, con un tejido empresarial encadenado e innovador. Ana Fernanda Muñoz, presidenta de la Cámara de Comercio del Cauca, nos mostró cómo el café del Cauca se exporta a 99 países, incluyendo Mongolia y Ucrania. El departamento de Nariño tiene una denominación de origen poderosa, de la que viven casi 40 mil caficultores. Y cómo no hablar del empresariado vallecaucano, que no solo es diverso en sectores y tamaños. El Valle concentra el 23 % de la agroindustria y el 15 % de la industria del país. La región aporta el 13,6 % del valor agregado de Colombia, liderando las exportaciones manufactureras de alta tecnología por habitante y es tercera en el Índice Departamental de Competitividad.

Esta región es la salida de Colombia al Pacífico y a Suramérica. En 2025, por Buenaventura entró el 32,7 % de las toneladas importadas por el país y pasó el 50,5 % de los contenedores de comercio exterior. El sur de Nariño es la puerta terrestre hacia Ecuador, saliendo por Ipiales dos de cada tres dólares que Colombia le vendió a ese país (USD 1.220 millones en 2025) y entraron otros US$ 806 millones en importaciones; esto sin contar con el puerto de Tumaco, que, además de su importante industria pesquera, reportó exportaciones por US$ 129 millones, sobre todo en petróleo y aceite de palma.

Tampoco se puede dejar a un lado la diversidad cultural de esta zona del país. Aunque para unos es dificultad, para otros es una inmensa potencialidad porque la unión en la diversidad es posible y nos hace más fuertes. Aquí se reúne cerca del 49 % de la población afro censada en Colombia y el 32 % de la población indígena. En la región se hablan al menos siete lenguas indígenas. Cinco de los nueve sitios de Colombia declarados Patrimonio de la Humanidad y cinco de las quince manifestaciones de patrimonio inmaterial de la humanidad están en nuestra región.

Y cómo no hablar del potencial energético. La región produce el 91 % del bioetanol del país y tiene un potencial de generación de energía solar que en 2050 podría cubrir el consumo de toda la población del Valle del Cauca.

Es decir, tenemos mucho de donde sostener y justificar la importancia y la necesidad de que nos vean, pero sobre todo que nos veamos de otra manera. Debemos vernos desde la potencialidad y no desde la escasez, eso sí, sin dejar de ver los retos y las complejidades, pero teniendo claro que aquí lo que tenemos son capacidades, potencialidades y personas listas para cambiarle la cara al Pacífico colombiano.