A Trump no pareciera importarle el regreso de la democracia a Venezuela. Tampoco si quien gobierna el país es un régimen espurio. Sólo le importa el petróleo y los negocios. Desconcertante, más no sorpresivo. El error fue de quienes creyeron -y me incluyo- que la captura de Maduro era el primer paso hacia la libertad luego de casi treinta años de una dictadura abominable, de persecución, pantomima electoral y empobrecimiento.

En octubre se cumplen nueve meses de cuando el dictador venezolano fue sustraído y conducido a una cárcel de máxima seguridad en Nueva York donde aguarda comparecer en juicio en junio de 2027. Desde entonces, el presidente norteamericano no ha hecho nada distinto a consentir y legitimar a Delcy Rodríguez quien continúa gobernando con los mismos hampones que Estados Unidos cuestionaba, incluido el Cartel de los Soles.

Corrijo, sí ha hecho: un vil zarpazo a 65.000 millones de barriles de reserva de petróleo asegurados con una concesión a 100 años de 17 campos premium. El precio de sacar a Maduro y al que Delcy accedió a cambio de su impunidad. Venezuela tiene las mayores reservas probadas globales de crudo estimadas en 300.000 millones de barriles (las de Colombia no llegan a 2000). Un ‘botín de guerra’ equivalente al 20 % de sus reservas.

Dos parecieran ser los móviles de Trump: diversificar las importaciones de petróleo en el vecindario pues Canadá -al que amenaza un día sí y un día también- le suministra el 57 % y, depender menos del crudo árabe; no es casualidad que la improvisada invasión a Irán fue luego de capturar a Maduro. La importación de crudo venezolano a Estados Unidos ya supera los 780.000 barriles diarios; un incremento de 237 % en seis meses.

Estados Unidos tiene previsto invertir, sólo en el sector de hidrocarburos, $100 billones de dólares en los próximos 25 años, esperando regalías superiores a $200 billones. Para lo cual necesita un títere gobernando Venezuela, sea una dictadura o una democracia, de derecha o izquierda. Es decir, una colonia. El gobierno americano y las empresas del sector sólo invertirán en la medida en que se les garantice estabilidad jurídica y política.

Por eso el llamado a elecciones no ha sido ni es una prioridad aunque digan lo contrario. Menos, el regreso de Maria Corina a Venezuela; lo ha intentado pero el régimen trump-chavista se lo ha impedido. Es la triste realidad de una nación que alcanzó a acariciar el sueño de libertad. El Secretario de Estado Marco Rubio dijo que habrá elecciones, luego Delcy Rodriguez precisó que serán “en el momento indicado por la sabiduría ancestral”.

No habrá elecciones pronto porque a Trump, a Delcy y al régimen chavista que gobierna no les conviene. Al primero porque no tiene claro cuál sea el resultado de unas elecciones libres y no le simpatiza un triunfo de Maria Corina pues ella no se dejaría mangonear. Y Delcy está feliz de esclava, al igual su séquito de criminales, disfrutando de impunidad. Sólo un revés electoral de Trump en noviembre podría presionar las elecciones en el 2027.

Más de uno está a gusto con el estatu quo en especial quienes empiezan o contemplan invertir en Venezuela. Por ellos, que el trump-chavismo continúe indefinidamente. “Al vencedor pertenecen los despojos” dijo Trump en Naciones Unidas. Entre los despojos está la decisión del regreso o no de la democracia. Pobre el bravo pueblo de Venezuela condenado a una dictadura respaldada por quien confiaron les daría por fin la libertad.