Sin haberse posesionado aún, cumpliendo una promesa de campaña repetida una y otra vez por parte del presidente electo Abelardo de la Espriella, su canciller designado, Omar Bula Escobar, tras reunirse con su par israelí, Gideon Saar, anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas con Israel y agregó que la embajada de Colombia quedará en Jerusalén.
El anuncio de la embajada es de hondo calado, pues la gran mayoría de las embajadas en Israel están ubicadas en Tel Aviv. En 2017, durante su primera administración, Donald Trump trasladó la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Actualmente tienen su embajada en la capital de Israel tres países latinoamericanos: Paraguay, Honduras y Guatemala, y se espera que Argentina haga lo propio cumpliendo el compromiso del presidente Javier Milei. En Jerusalén operan los centros de poder del Estado de Israel como en cualquier capital del mundo.
Jerusalén es uno de los asuntos contenciosos para un futuro acuerdo de paz entre Israel y los palestinos. Hasta 1967 la ciudad estuvo dividida entre Israel y Jordania, producto de la guerra de independencia de 1948, quedando la ciudad antigua, donde se encuentran los lugares sagrados de las tres religiones monoteístas, en poder del Reino Hachemita, el cual expulsó a los judíos que por milenios tuvieron presencia en uno de los cuatro barrios que la componen.
Durante las negociaciones de Camp David en el año 2000, lideradas por el presidente Bill Clinton, que buscaban sellar la paz definitiva entre Israel y los palestinos como colofón a los acuerdos de Oslo de 1993, el mandatario americano presentó una propuesta sobre Jerusalén en el marco de lo que se conoce como ‘los parámetros de Clinton’, que incluían un Estado palestino independiente en Gaza y la mayoría del territorio de Cisjordania y Jerusalem como capital de ambos Estados. Dicha propuesta de paz fue aprobada por Israel en cabeza de su primer ministro Ehud Barak, pero rechazada por el líder palestino Yaser Arafat. En ese momento de la verdad, el rechazo palestino dio al traste con los acuerdos de Oslo y se dilapidó la más cercana oportunidad que se tuvo de una paz entre los dos pueblos. Lo demás es historia, con la masacre de Hamas del 7 de octubre de 2023 creando un hito que aleja aún más la posibilidad de una paz entre Israel y un liderazgo palestino que se niega a reconocer al Estado judío.
Jerusalén, ciudad milenaria que el rey David convirtió en capital del Reino de Israel hacia el año 1000 a.C., donde se erigieron los dos templos sagrados, el primero construido por el rey Salomón, ha estado en el corazón de la narrativa nacional y espiritual del pueblo judío desde siempre. Fue la destrucción de Jerusalén y del segundo templo en el año 70 por los romanos lo que dio origen a la diáspora judía.
Al interior de la ciudad amurallada, transitando por las empedradas callejuelas, se respira pura historia. En pocos metros se pasa de un siglo a otro, de una época a otra, de una fe a otra. Cuatro barrios conforman la ciudad antigua: judío, árabe, cristiano y armenio. Historia entremezclada en estos tiempos con los tradicionales mercados de Oriente Medio en los que se venden chucherías hechas en China.
La libertad de cultos es ostensible en Jerusalén desde que Israel la reunificó en 1967. Miles de peregrinos, cristianos, musulmanes y judíos provenientes de los confines del planeta surcan los callejones de esta ciudad sagrada. Del Muro de los Lamentos a la basílica del Santo Sepulcro y a la mezquita de Al Aqsa, el aire está lleno de fe y devoción.
En esa ciudad de mucha historia y poca geografía, la Jerusalén de oro, como dice la canción, se abrirá próximamente nuestra embajada