Estoy releyendo la biografía de Thomas Alva Edison, un inventor asombroso y perseverante. En 1931, día de su muerte, ya era un genio admirado por muchos gracias a su inventiva y su constancia.Probó que los inventos nacían más del trabajo que de la inspiración, pero como humano envidió a otro genio: Nicola Tesla.Le dio una utilidad práctica a la luz, el fonógrafo, el cine, el teléfono y a una gran variedad de utensilios.Pero todo eso lo alcanzó con mucho estudio, disciplina, tenacidad y aprendiendo de los errores.Me gusta evocar una escena en la que él observaba un incendio que destruía sus fábricas en 1914.En lugar de deprimirse exclamó: “Bueno, no es tan grave. Así nos deshacemos de un montón de basura vieja. Tengo 67 años y no soy tan viejo para un nuevo comienzo”.Edison no se amilanaba antes las dificultades, era un luchador y su fe era más poderosa que sus dudas.