Cualquiera que sea el pensamiento político o ideológico de las personas, una vez elegidas o nombradas en un cargo público tienen el deber democrático de gobernar de manera transparente y eficaz en favor de toda la población de un municipio, región o país y no de familiares, amigos o de copartidarios, a fin de garantizar un Estado con paredes de cristal, donde todos los recursos puedan ser auditados. Igualmente, contribuir con su palabra y ejemplo a la reconciliación de la población y a la cero tolerancia con la corrupción, el despilfarro y la violencia.

Eso significa tener siempre en cuenta que los recursos y bienes públicos son sagrados y que la ciudadanía tiene el derecho democrático de saber de dónde provienen, cómo se distribuyen y de manera especial cómo se gasta cada peso que le ingresa al Estado, incluyendo todo tipo de contratos, desde el de menor valor hasta los que valen miles de millones de pesos. De igual manera, los servidores públicos tienen el deber de informar el costo de los viajes nacionales y al exterior, la importancia de los mismos, los objetivos a lograr y los resultados obtenidos. Todo lo anterior acompañado de verdaderos mecanismos de seguimiento y control.

Algunos servidores públicos, a fin de evadir sus responsabilidades democráticas con la población, quieren responder con argumentos superficiales de confundir los mecanismos de seguimiento y control, que se deben hacer desde el propio gobierno, con labores propias de la oposición política o ciudadana.

Otro paso que se debe dar en Colombia en la construcción de un Estado con paredes de cristal es procurar dialogar, desde el poder ejecutivo, con los poderes pertenecientes a las fuerzas militares y de policía, con el poder judicial, con los diversos organismos de control del Estado y con el Congreso de la República, entre otros, a fin de eliminar la figura de todo tipo de gastos reservados en el Estado.

Solo así podremos ir contribuyendo a la construcción de un Estado con paredes de cristal, estimular el pago puntual de los impuestos y fomentar diversas expresiones de solidaridad del sector empresarial y de los asalariados con altos ingresos.

Reconozco que lograr la construcción en Colombia de esas paredes de cristal desde los municipios, departamentos y a nivel nacional, no es tarea fácil, pero tampoco imposible porque, así como existen algunos dirigentes políticos y personas de todas las corrientes políticas e ideológicas que miran al Estado como su ‘vaquita lechera’ o su ‘minita de oro’, también hay los que desean llegar a cargos del Estado para servir a la población de manera responsable y con su ejemplo de honradez, actitud de servicio a la población y austeridad, contribuir a la lucha contra la corrupción, la irresponsabilidad y el despilfarro en el Estado.

Reafirmo que es una mentira vendida como verdad, que las chapas ideológicas, tanto de derecha como de izquierda, sean una garantía de transparencia y de cero tolerancia con la corrupción y el despilfarro. Lo que se requiere son personas con nortes y brújulas éticas en favor del bien común.

Esta es la gran responsabilidad democrática que tenemos en Colombia tanto en las elecciones regionales del 2023, como en las nacionales en el 2026