Los actos de intolerancia y la inseguridad que se registran en el Oriente de Cali tienen amedrentada a la población, presa de las fronteras invisibles, los enfrentamientos entre grupos delincuenciales y las extorsiones.

La presencia de pandillas es un problema que desde hace años persiste en Cali, y aunque en muchos sectores se han liderado procesos de paz exitosos que otorgaron tranquilidad a los habitantes, en algunas zonas ha sido más difícil controlarlo.

Como consecuencia, las familias deben vivir encerradas, los niños dejan de asistir a la escuela, mientras a los adultos se les complica la salida a sus trabajos, pues en el trayecto pueden resultar siendo víctimas de los enfrentamientos entre grupos delincuenciales.

Algunos de los integrantes de estas bandas son jóvenes que han abandonado sus estudios y han dejado de lado sus sueños por obtener dinero ilegal mediante el negocio del microtráfico.

La presencia de estas agrupaciones cada vez se extiende más en la ciudad, según expertos, tanto que en zonas como la comuna 21 se pasó de cuatro fronteras invisibles a 16 en aproximadamente 15 años.

Las dificultades sociales que se viven en el Oriente de Cali se deben atender mediante el trabajo mancomunado y mejores oportunidades para la juventud que ahí habita.

Es posible transformar territorios, hay experiencias que lo comprueban. Trabajar por un futuro mejor para los niños y los jóvenes vale la pena.