El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha venido planteando públicamente una serie de temas que desarrollará una vez se haya posesionado como presidente constitucional de Colombia el próximo 7 de agosto, acto que legalmente podrá realizar a partir de las 00:00 horas de ese día ante el Congreso de la República.

Posteriormente, después de posesionar a cada uno de sus ministros en la Casa de Nariño, si así lo considera, podrá presentar un saludo y reconocimiento a las Fuerzas Militares y de Policía en la Escuela Militar de Cadetes, en Bogotá DC y, de esa manera, contribuir a ahorrarle muchos recursos económicos al Estado que se tendrían que gastar si la posesión se realiza por fuera de la capital.

Entre los diversos temas señalados, el presidente electo, Espriella, tiene razón al considerar como prioritarias la lucha contra todas las manifestaciones de corrupción y violencia en Colombia, sin importar de quién provengan. Asimismo, el fortalecimiento de la seguridad en Colombia y la importancia de gobernar desde y con las regiones, entre otros.

Por mi propia experiencia en los temas de Estado, considero que estos son asuntos que, por su relevancia y por los efectos positivos que generan sobre la población y el desarrollo del país, exigirán el concurso de voluntades y un esfuerzo unitario en la diferencia de toda la nación para alcanzar resultados positivos.

Por eso, con todo respeto, manifiesto que no me parece conveniente que el presidente Abelardo pretenda colocarlos en el mismo nivel de prioridades de gobierno con asuntos que, en lugar de unir, alejan, polarizan y mantienen la profunda división que hoy existe en el país.

También considero que serían asuntos secundarios para la mayoría de las personas que habitamos en Cali, todo lo relacionado con su idea de procurar el respaldo tanto de la gobernadora del Valle del Cauca como del alcalde de Cali para lograr el derribamiento de la escultura construida hace varios años entre los barrios Antonio Nariño y Mariano Ramos, en la comuna 16 de Cali, conocida como ‘Monumento a la Resistencia’.

En ese mismo orden de ideas, estarían sus pretensiones de modificar lo que hoy es ley o está incorporado en la Constitución en los temas de paz, porque, en mi opinión, resultarían desgastantes y desviarían la atención de lo que en este momento es verdaderamente fundamental y urgente.

De modo que, como demócrata, me uno a las voces que desde diversos sectores políticos y sociales le han venido solicitando tanto al presidente Abelardo como a las autoridades departamentales y municipales que, por favor, no transiten por ese absurdo camino de intolerancia política, social y cultural.

En ese mismo sentido, y con la convicción de desearle el mayor de los éxitos a todo el equipo de gobierno del presidente Abelardo, con todo respeto le sugiero diferenciar muy bien que una cosa fue la campaña electoral y otra muy distinta es gobernar para todas las personas, hayan votado o no por él como presidente de la República. De modo que mi sugerencia para el presidente Abelardo es que hable menos y dialogue más con la población urbana y rural de Colombia.

Diálogos sociales que, en mi opinión política y por mi experiencia en los asuntos de Estado, deben estar libres de cualquier sesgo político, social o religioso y que, ante todo, contribuyan a afianzar caminos para saber unirnos en la diferencia, algo que tanta falta nos hace en Colombia para construir un país mejor, reconciliado y donde primero sean los seres humanos, empezando por los niños y las niñas.