Tres preguntas puntuales rondan en la mente de muchos vallecaucanos a raíz de los pasos iniciales del gobierno de Abelardo con respecto a nuestra región. La primera: “¿Es comprensible que un departamento que le pusimos 870.000 votos no tenga a la fecha un solo ministerio o cargo de alta decisión en el gobierno?”.

Ante las múltiples elucubraciones sobre las razones de este vacío, un conciliador pide no hacer más conjeturas y con optimismo nos lleva a la segunda pregunta: “¿No les parece muy importante que el Tigre haya lanzado su campaña en Cali, hizo el cierre multitudinario en Buga, fue varias veces a la Basílica del Señor de los Milagros y ahora la posesión sea en la Arena de la Universidad Santiago de Cali?”.

Abierta la discusión, las respuestas sobre el lanzamiento van más hacia el marketing político; las de la posesión giran hacia Popayán o la guarnición militar como primera opción y Cali como la invitada a bailar cuando en la mesa ya no quedaban más parejas viables. Tocaba bailar con la tía. Las visitas al Milagroso son escala obligada, desde entrenadores de fútbol, funcionarios, políticos soñadores, personas con necesidades. Un candidato a la presidencia es un conjunto de todo eso.

No nos queda otra que apostarle a la tercera pregunta: Si ya pasaron los símbolos y los nombramientos, ¿podemos tener optimismo en que el gobierno de De la Espriella le dará prioridad al Valle?

Todos a una contestamos que sí. No sería lógico que el Gobierno Central no atienda con eficacia la inseguridad que se genera en el Cauca, impulsada especialmente por los carteles de la droga y alianzas con comunidades indígenas. La expansión de estos predios está afectando a todo el suroccidente del país, perjudicando agricultores de todos los tamaños; no conocemos sus límites y por allí puede ser la toma del narcotráfico de una importante franja del territorio nacional. Que un presidente democrático ignore ese riesgo es impensable.

Esta pretensión mafiosa tiene dos puertos claves: Buenaventura, a la que se le debe dar viabilidad social y competitividad facilitando permanentemente el calado adecuado a su canal de acceso. La salida al mar es muy importante para los narcos por lo que es clave que Buenaventura tenga vida sana derivada de sus fortalezas de ubicación. La otra vía que al narcotráfico le interesa es la aérea y en esta es asombroso el deterioro que en muy pocos meses de estatización tiene al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón con parqueaderos cerrados, baños en pésimas condiciones, a veces sin agua: nuestro otrora orgullo aeroportuario se está volviendo una terminal de quinta categoría. Muchos creemos que esa estatización tiene intereses turbios.

Si bien es cierto en este gobierno el Caribe será la gran opción, darle al Pacífico importancia le podría representar a Abelardo un lugar histórico, pues aprovecharía los dos mares, en un país que los ha subvalorado por una mirada andina, introspectiva, derivada del foco hacia su histórica capital. El mar de Balboa en la cuenca del Pacífico es una gran oportunidad para Colombia, como lo entendieron Perú y Chile. Si adicionalmente se lograra, mediante alianzas con potencias económicas, la conexión de la Orinoquia con el Pacífico, le estaríamos dando vida a medio país desaprovechado. Como vemos, el potencial del Suroccidente es infinito y no puede ser malogrado nuevamente.

Es la región donde tenemos desde colibríes hasta ballenas; donde el lago Calima es una joya aún sin pulir; es una región crisol de razas, que amerita la mano tendida de un Gobierno Nacional decente y visionario. Tenemos fe en que Abelardo y José Manuel así lo entenderán y lo implementarán. Estoy seguro de que el Señor de los Milagros estará vigilante de que estos propósitos sean cumplidos por tan asiduos peregrinos de la fe y la política.