Hay personajes singulares que lamentablemente se van desvaneciendo en nuestras sociedades hoy complejas y uniformes.
Acaba de partir Mario Fernando Prado uno de los nuestros. Fue pianista, periodista, publicista, gran polemista, provocador, coleccionista de carros antiguos y cultivador de la amistad.
Cuando escribo esto pienso que me quedo corto al tratar de definir a un personaje poliédrico, con sus variadas facetas, algunas contrapuestas. Era un bohemio que no probaba el alcohol. Era un trasnochador que a las cuatro de la mañana estaba en pie. Amigo entrañable de sus amigos y demoledor con sus enemigos, si los tuvo.
Creamos con Mario Fernando y otros amigos el ‘Grupo 80′ en Cali con la aspiración de formarnos en el liderazgo, luego se extendió a todo el país.
En el Grupo Ochenta vibramos llenos de ilusión por cambiar el mundo y forjamos amistades indestructibles. Allí, escuchamos de los mejores sus consejos y aprendimos como habían hecho para servir a lo público, de la mano del gran colombiano que fue Manuel Carvajal.
Nos reuníamos para escuchar y conversar, queríamos prolongar la fórmula que había hecho de Cali el modelo nacional del civismo. Fue una escuela de liderazgo que tuvo después a Claudia Blum en la política, Jaime Alberto Cabal en lo gremial, Eduardo Fernández de Soto en el periodismo, Rodrigo Otoya, Carlos Ernesto Lora; Diego Sanint, en lo empresarial y a muchos otros que han descollado en Colombia.
Y Mario Fernando, siempre con el aporte creativo, motor de ideas, que fueron conformando una nueva visión regional y nacional que plasmó en El Espectador y El País ,en su programa televisivo ‘Mario Fernando Piano’ por donde pasaron personajes y presidentes de Colombia, y en la radio ‘Oye Cali’.
Muchas veces llenó nuestras vidas con sus escritos solidarios cuando fuimos pasando cada uno a definir su vida. Evoco sus escritos, acompañando la época dura, para recuperar la autoestima de un Valle lastimado por el narcotráfico y el mal gobierno.
Tenía el sentido de humor y el repentismo propio de los patojos popayanejos de sus ancestros. La última vez que compartimos, íbamos en mi carro con Raúl Fernández de Soto a un almuerzo de amigos y me dijo muerto de la risa estás manejando con el timón muy alto, como un viejito. Al final cuando nos bajamos del carro tuvo un gesto insólito que fue darme un beso en la mejilla. Había recibido una nota suya que acompañó el envío de su interpretación al piano del ‘Sueño Imposible’, melodía que convertimos en himno de nuestros proyectos delirantes, donde me decía: “¡Siempre te recordaré con esta canción!”.
Entendí con estos gestos que se estaba despidiendo, ya herido de muerte, en su Ley y para siempre.
Personajes como este requiere Colombia, que no tragan entero, que saben ver el país de otra manera, pero ante todo preocupados por Colombia. Se resumen en su frase legendaria: “Nos unimos o nos hundimos”.
Querido líder, como solías llamarnos a todos, ahora duermes en paz tu sueño imposible.