La semana del 18 de junio, Donald Trump, de manera triunfal, anunció que había llegado a un acuerdo con el régimen de Irán, con la mediación de Pakistán, que finalizaba la guerra y supuestamente abría el Canal de Ormuz, mientras se adelantaba unas negociaciones más robustas sobre temas de fondo entre Washington y Teherán. No obstante, el acuerdo celebrado por Trump no solo estaba lejos de los objetivos iniciales con los que Estados Unidos inició la guerra, tales como cambio de régimen, la destrucción del programa de armas nucleares de Teherán, la erradicación de sus capacidades de misiles balísticos y disminuir su capacidad de apoyo a proxies regionales. Ninguno de estos objetivos se ha logrado y, mientras tanto, Teherán descubrió que el Estrecho de Ormuz es, sin lugar a duda, su mejor arma geoeconómica. Aunado a esto, mientras Washington ve como un actor agresivo y poco fiable a nivel internacional, mientras que Pekín se muestra como un actor racional, Irán está empezando a permitir al paso de barcos petroleros por el Estrecho de Ormuz, siempre y cuando le paguen un peaje en renminbi, la moneda de China, o en cryptomonedas, buscando debilitar así el poder del dólar en el comercio global. En otras palabras, ni el acuerdo que Trump celebró como histórico y capaz de poner fin al conflicto con Irán se mantuvo en el tiempo, y las hostilidades y el conflicto se reinició, sino que también su la posición geoeconómica de Washington se está viendo afectada de manera importante, mientras que la de Pekín no ha hecho sino aumentar.
Empecemos por el reinicio de los ataques entre Irán y Estados Unidos. En los últimos diez días, Estados Unidos e Irán han vuelto a lanzar ataques entre estos, mientras que los mediadores de ambos buscan ventanas de oportunidad para volver a negociaciones. Mientras tanto, el precio del petróleo ha aumentado en un 20 % en el mes de julio, antes el resumen de las hostilidades, llegando a oscilar en 90 dólares el barril. Mientras esto sucede, el 21 de julio el presidente Trump afirmó que Irán estaba desesperado por reunirse con Estados Unidos pero que este no se reuniría hasta que Teherán mostrara un interés real de negociar. Sin embargo, Teherán aseguró que lo que dice Trump es falso y que no está interesada en continuar las negociaciones. Y, mientras el Comando Central de Estados Unidos informa que durante la noche del 21 de julio atacó centros de mando militar, sitios de lanzamiento y defensas aéreas de Irán, y Teherán responde atacando instalaciones en Kuwait y Jordania, incluyendo plantas de energía y de desalinización, el tráfico comercial en Estrecho de Ormuz cae a los niveles más bajos en las últimas tres semanas y los países del golfo pérsico, frustrados con las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, cuestionan no solo la conveniencia de sus alianzas con Estados Unidos, sino también difieren en cuáles deberían ser los pasos a seguir para Washington.
En un campo están aquellos que afirman que Trump debe escalar las operaciones militares para poder después desescalarlos. Entre las opciones que mencionan algunos expertos están las de desplegar tropas terrestres a partes de Irán, incluyendo intentar ocupar la isla de Kharg, un crucial centro de explotación de petróleo, según un reportaje de Bloomberg. Según estos analistas, los líderes iraníes no cederán ni soltaran su control sobre el estrecho de Ormuz, a menos que Estados Unidos tome medidas más agresivas que les obligue a hacer concesiones. Según esta posición, en caso que esto no suceda, el conflicto se podría prolongar, aunque sea de baja intensidad, durante meses, ahuyentando a los turistas e inversionistas extranjeros. Sin embargo, mientras expertos debaten que hacer, la realidad es que plantas de agua y energía de Kuwait han sido alcanzadas por misiles y drones iraníes, y los vuelos se suspenden con frecuencia. Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos han visto cómo sus buques de energía son atacados por el este de Ormuz, e Irán ha dirigido ataques contra Omán e Iraq. Y, aunque Estados Unidos afirma que estos es una clara demostración de la inestabilidad regional que Irán quiere provocar, y es una razón fundamental para limitar su ascenso como potencia regional, lo que es cierto es que las monarquías que pertenecen al consejo de Cooperación del Golfo, que le insistieron a Washington en no iniciar la guerra, están cuestionando la capacidad de Estados Unidos de garantizar su seguridad y proteger a los aliados. Esto ha derivado, no solo en la búsqueda de profundización de lazos de defensa con naciones Europeas, según fuentes de Bloomberg, sino también en que se esté conformando un posible bloque de países del Medio Oriente, entre ellos Arabia Saudita, Qatar, Omán y quizás Irak e incluso Turquía, según Fareed Zakaria, que, para garantizar su seguridad en el mediano y largo plazo, busque equilibrar entre el mantenimiento de lazos con Estados Unidos, diálogos con Irán y mejorar las relaciones con China. En otras palabras, sin disparar un solo tiro, ni gastar sumas enormes ni consumir capital político, Pekín está viendo cómo en Medio Oriente el orden geopolítico está construyéndose a su favor.
Como afirma Fareed Zakaria, es importante tener en cuenta que en 2023, China medió la restauración de las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán. Desde entonces, Riad se ha resistido a sumarse a ciertos proyectos estadounidenses de centros de datos y microchips. Aunado a esto, el reino ha comprado misiles y drones chinos, ha realizado ejercicios conjuntos con la marina del gigante asiático y ha explorado la producción local de drones de combate Wing Loong. De hecho, según datos del INSS, los países del Golfo representaron más del 80% de las exportaciones chinas de defensa al Medio Oriente entre el 2016 y el 2025. En este orden de ideas, está claro que ningún país busca reemplazar el paraguas de seguridad estadounidense. No obstante, estos buscan tener opciones, y las opciones reducen la influencia de Washington en la región.