Hay películas que cuentan historias y otras que quieren ganar batallas. En Bogotá se está dando una de esas disputas, y el tema es Israel y Palestina.
’NAZA’ ha sido recibida por sus críticos como una película abiertamente antiisraelí, con una lectura política muy marcada y mensajes que muchos consideran propagandísticos. Para quienes la cuestionan, es una toma de posición disfrazada de arte.
‘Hummus’, presentada en el Festival de Cine de Bogotá, va por otro camino. Usa un plato sencillo para hablar de convivencia. En Israel viven judíos, musulmanes, cristianos, drusos y beduinos, con diferencias profundas, y aun así comparten la calle, el mercado y la mesa. Eso también es diplomacia cultural: hallar un idioma común donde la política no lo encuentra.
Israel es una democracia parlamentaria y pluralista, con elecciones competitivas, prensa libre y un debate interno feroz sobre su futuro. Innova, discute y vive bajo amenazas externas. Reducirlo al conflicto con los palestinos es tan simplista como reducir a la sociedad palestina a Hamás. Ese Israel también existe.
Luego está ‘Bibas, asesinados por ser judíos’, un documental de 89 minutos con idea y guion del periodista argentino Alfredo Leuco, dirigido por Mariana Bellini y coescrito por ella y Gabriel Ben Tasgal, analista de Medio Oriente y coproductor. Bellini y Ben Tasgal estuvieron en Bogotá presentándolo. La película recorre esta temporada Ecuador, Venezuela y Alemania, con el aniversario del 7 de octubre ya encima.
Aquel día de 2023, Hamás y otros grupos armados atacaron Israel, mataron a cerca de 1200 personas y se llevaron a Gaza a unas 250 como rehenes. Una de las familias golpeadas fue la Bibas-Silberman, del kibutz Nir Oz. Los abuelos, Yosi y Margit Silberman, fueron asesinados en su casa. Shiri Bibas y sus hijos, Ariel, de cuatro años, y Kfir, de nueve meses, el rehén más joven, fueron secuestrados; según las autoridades israelíes, murieron en cautiverio. Yarden, el padre, sobrevivió más de 480 días y fue liberado en febrero de 2025.
Yo estuve en ese kibutz. Vi con mis propios ojos la casa de los Bibas y las de sus vecinos, convertidas en estructuras calcinadas. Ninguna crónica prepara a uno para eso: paredes negras, y en medio de la ceniza los restos de lo que fue una vida familiar cualquiera.
El documental reconstruye el día con los testimonios de Danna Silberman, hermana de Shiri; Yifat Zailer, su prima; Ofri Bibas, hermana de Yarden, y Ofelia Roitman, que también fue secuestrada. Cuenta, además, que en cautiverio los rehenes sufrieron toda clase de vejámenes y que los encerraron en jaulas y guacales, como a animales.
Entre las voces de la película está la de Luis Brandoni, una de las grandes figuras del teatro y el cine argentinos, fallecido en abril de 2026. Que un actor de su peso pusiera su nombre y su palabra en este proyecto importa, porque muestra que la historia de los Bibas no concierne solo a judíos o a israelíes. Sobre Brandoni y su última aparición en pantalla, ‘Parque Lezama’ del cual escribí un artículo aparte.
Recordar todo esto no es negar el sufrimiento palestino. Pero tampoco se puede pedir que olvidemos cómo empezó esta guerra. Los asesinatos, los secuestros y las atrocidades del 7 de octubre son historia, y no dejan de serlo porque le incomoden a cierta narrativa política.
El rigor debe aplicarse a todos. La causa palestina tiene que responder por la ruptura entre Hamás y la Autoridad Palestina, por la gobernanza, por la corrupción denunciada durante años y por la radicalización. Israel, por su parte, debe someter también sus relatos al escrutinio, incluida la conducta de su gobierno y de su ejército. Las cifras y los testimonios, vengan de donde vengan, hay que comprobarlos en vez de repetirlos como dogma.
Quizá por eso ‘Hummus’ y ‘Bibas’ son dos caras de la misma batalla cultural. Una habla de la posibilidad de compartir una mesa. La otra, de unos niños que no volverán a sentarse a ella.
Al cine le toca no volver consigna el dolor ni fabricar buenos y malos. Una película puede defender una causa, pero el espectador no tiene por qué tragarse su relato sin preguntas. Puede conmoverse con el sufrimiento palestino y recordar a la vez a las víctimas israelíes. Puede denunciar una tragedia sin borrar la otra.
El 7 de octubre no debe borrarse. A los niños Bibas no hay que olvidarlos. A las víctimas palestinas tampoco.
La verdad no necesita propaganda, y ninguna causa, por justa que sea, debería recurrir a la mentira, al silencio selectivo o a la demonización. El cine puede elegir trinchera. El espectador todavía puede elegir pensar, y esa libertad es la que ninguna película debería quitarnos.
Defender a Palestina sabiendo la realidad y querer defender a Hamás y a los terroristas no tiene un lugar dentro de un espacio común humano, y mucho menos moral. El discurso no está por encima de la verdad y la realidad.
@rosenthaaldavid