El 5 de diciembre de 1955 en Montgomery, Alabama, Rosa Parks, una costurera negra de 41 años de edad, se negó a cederle su asiento en un bus a una persona blanca; la ley de segregación racial la obligaba. Ese día Rosa estaba cansada, no de trabajar, sino de ceder; fue arrestada y tuvo que pagar una multa. Bajo el liderazgo de un joven pastor evangélico de 26 años llamado Martin Luther King, se dio inicio a un boicot, que duró 380 días, contra la empresa de buses: ninguna persona negra se subiría en los buses; en lugar de ello, caminaron, organizaron rutas en vehículos y por ello fueron arrestados y atacados de forma violenta, pero no cedieron. La orden era “resistir pacíficamente a la violencia con amor”; el 75 % de los usuarios de buses eran negros; sin ellos las pérdidas fueron millonarias. Alabama se vio obligada a derogar la ley de segregación en los buses y al día siguiente activistas blancos y negros se sentaron juntos en los buses donde les diera la gana.
Del 12 de marzo al 6 de abril de 1930, Mahatma Gandhi lideró la marcha de la sal. La India dependía de la sal fabricada por los británicos y era ilegal obtenerla por otros medios. Durante 24 días, él y 60.000 personas más caminaron hasta el mar y de allí tomaron un puñado de sal, hecho que generó miles de arrestos, pero dio inicio al movimiento de resistencia pacífica que llevaría a la India a su independencia con el lema: “no devolver ni un solo golpe aunque te peguen”. Su política de resistencia civil se denominó Satyagraha, “la fuerza de la verdad”.
Año 2026: Iván Cepeda, candidato presidencial perdedor, lanza su movimiento de “resistencia civil pacífica” desde Puerto Rellena en Cali, paradójicamente uno de los puntos más violentos del paro nacional del 2021. Allí fallecieron 3 personas durante las revueltas y hace dos semanas se causaron daños por 5000 millones de pesos luego de conocerse los resultados que le dieron la derrota. Mucho va del Satyagraha de Gandhi y la política del amor de Luther King a las primeras líneas de Puerto Rellena, el Paso del Comercio y La Luna.
¿Resistencia civil pacífica a qué? ¿Cómo? ¿Negándose a subir al metro de Bogotá? ¿Dejar de usar el MIO? ¿Sentarse en la mitad de la Panamericana y no dejar pasar a nadie? ¿Dejar de pagar impuestos? La resistencia civil se ha usado contra regímenes injustos, opresores, violadores de las libertades y los derechos más elementales como en los Estados Unidos durante los años de la segregación racial o en la India durante la lucha por la independencia pero aquí contra un gobierno elegido democráticamente, gústenos o no, desconociendo la voluntad de la mayoría porque dice el senador Iván Cepeda que acepta el resultado de la elección pero no reconoce al ganador, algo absolutamente contradictorio y aparte poco estratégico si lo que quiere es seguir en campaña otros 4 años para alcanzar la presidencia en 2030 porque ese parece ser el plan: mantener calientes, ‘berracos’, a los casi 13 millones de colombianos que votaron por él hasta que llegue la siguiente oportunidad en 2030.
Ahí viene el reto grande para los que van a ‘resistir’ y los que quieren pasar la página del progresismo. Después de un año largo de campaña y movilizaciones, sostener ese nivel de adrenalina es difícil y solo se logra con más adrenalina, más leña en el fuego; para Cali eso significa agitación, disturbios e inestabilidad y las bandas criminales listas para pescar en río revuelto. De resistencia civil poco, ¿a qué y cómo? No se sabe, los colombianos tienen cosas más importantes que hacer y de pacífica poco, bloquear una carretera, impedir el paso de productos y trabajadores ya es un acto de violencia, por eso el nuevo gobierno debería concentrar su esfuerzo en dos cosas, particularmente en el sur occidente del país: reforzar la seguridad y golpear a las bandas criminales (disidencias, Eln), retomar el control de la vía panamericana y la vía a Buenaventura y por otro lado poner en marcha los proyectos vitales para la región que el actual gobierno no quiso arrancar por cuestiones políticas: la puesta en marcha de la vía Mulaló - Loboguerrero, el dragado del puerto de Buenaventura, poner en marcha el Tren de Cercanías, rescatar el aeropuerto Bonilla Aragón e impulsar la economía de la región creando empleo y prósperidad. La mejor política de ‘contra resistencia’ debe ser la seguridad para todos y la economía en crecimiento; de lo contrario, tendremos otra vez en 4 años el terreno abonado para el radicalismo.