Un año antes del terremoto que sacudió a Cali, Young Hoon Kwaak visitó la ciudad. En el mundo lo conocen como el ‘autor del milagro asiático’. Cuando tenía 8 años, la guerra estalló en su país, Corea del Sur. “Estábamos vueltos nada, algo así como está Gaza hoy”, contó. Young no sabía qué hacer cuando caían las bombas. Y se hizo una pregunta: ¿qué puedo hacer por el futuro de Corea? Decidió ser arquitecto.

Muchos años después, cuando la guerra había terminado y Corea del Sur seguía sumida en la pobreza, se dedicó a pensar cómo convertirla en la potencia que es hoy. Escribió entonces un plan de planificación por etapas, al que llamó MVIP: Plan Maestro de Visión e Implementación.

“Es un plan que incluye cuatro elementos. El primero consistió en la educación, en la formación de los jóvenes, porque no teníamos recursos. El segundo fue la infraestructura, cómo recuperarla: aeropuertos, el metro, hospitales, un diseño de trenes rápidos. También se construyó una entidad que pensara la planificación de Corea en lo económico, la cultura, el arte, los deportes, todo junto”.

Con esta estrategia, decía Kwaak en Cali mientras almorzaba un plato lo más parecido posible a lo que se come en su tierra —un domicilio del restaurante Sr. Wok—, Corea del Sur dio “el brinco de cinco pisos”: pasó de ser uno de los países menos desarrollados a uno del primer mundo.

Con el tiempo, los economistas que estudiaron el proceso lo llamaron “el milagro del río Han”, el río que atraviesa Seúl. Como el Cauca en Cali.

Kwaak conversó con empresarios y les propuso que se involucraran en la renovación urbana construyendo sus empresas al lado del río. “Ganarán mucho dinero”, les prometió. LG construyó una torre de oficinas, y luego llegó otra y otra más.

Para Kwaak no bastaba con tener un plan; lo importante era ejecutarlo. “Los representantes de primera línea, es decir, el Presidente, se encargaron de que la burocracia funcionara, porque la burocracia es igual en todas partes: dice que hace, pero no hace. Al Presidente le dije que tenía que encargarse de que funcionara. Y los ciudadanos estuvieron motivados para ayudar. Hay un dicho coreano que dice ‘hágale, hágale’: trabajemos rápido, rápido. Con ese rápido, rápido, funcionaron lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, viernes, viernes. No existía el sábado y el domingo. Movilizamos a las personas para trabajar y avanzar”.

Kwaak está convencido de que Cali puede seguir su propio camino, inspirada en la experiencia de Corea, y convertirse en “la ciudad del renacimiento del Siglo XXI”.

Un año después de su visita, la ciudad fue sacudida por un terremoto. Murieron 154 personas, miles de edificios quedaron afectados, familias lo perdieron todo y aún hay zonas devastadas, como el barrio Los Cámbulos y Cuarto de Legua. Es decir: ya no hay excusas para no pensar en el futuro, aplazar la construcción de una nueva Cali.

Kwaak propone que la ciudad aproveche su diversidad ecológica para transformarse. “Si Cali decide hacer de la ciudad un entorno ecológico vivo, tienen recursos para lograrlo. Está el río Cauca, no se puede seguir de espaldas al río. Y los tributarios. La ciudad debe repensarse alrededor de ellos”.

También notó algo que los caleños sabemos, aunque parecemos olvidarlo: pese a todo, seguimos tratando de vivir como si esta fuera, en realidad, la sucursal del cielo. Hay una alegría, un entusiasmo, un apego por esta tierra que se debe aprovechar. “He conocido personas que tienen esa chispa en los ojos de trabajar por Cali”, decía.

Pero el primer paso, insistía, no es tanto hacer el plan como ejecutarlo. “Cali tiene que tener proyectos que arranquen y que la gente los pueda ver. Proyectos que puedan encender esa chispa para que puedan empezar un crecimiento rápido, de manera armoniosa y sostenible. No es un tema de euforia, hay potencia natural, potencial de recurso humano”.

Después del terremoto, Cali es una ciudad triste por quienes murieron y por quienes lo perdieron todo. Hay familias que todavía no saben qué pasará con sus casas. Hay edificios que deberán ser demolidos. Algunos caleños piensan en irse, en empezar de nuevo en otra parte.

Yo creo más bien que lo que nos pasó es motivo para trabajar por Cali. Y ese trabajo comienza por cambiar la narrativa que tenemos sobre nosotros mismos. Todo nos parece mal. Todo lo criticamos. Nos cuesta trabajar unidos, ponernos de acuerdo.

Tal vez el terremoto sea una oportunidad para dejar eso atrás y poner en marcha el sueño de ser la ciudad del renacimiento. “Una ciudad puede decidir qué quiere ser y trabajar para conseguirlo”, decía Kwaak. Este es, justamente, el momento de decidir qué ciudad queremos ser.