Sin duda, la reciente cumbre del G20 en Delhi significó un gran triunfo diplomático para India y su posicionamiento como el puente entre un desgastado Occidente y el llamado “Sur Global”. Mientras que China y Estados Unidos se enfrascan en una nueva cuasi guerra fría, Bharat, India en Hindi, como aparecía en los habladores de la cumbre, pasa por el medio cosechando sustanciales logros diplomáticos. El G20 salió con una declaración conjunta, así sea solo un papel, cuando nadie daba un peso por ello, gracias a la diplomacia india y las excelentes relaciones del premier Narendra Modi con el presidente de Estados Unidos, quien accedió a matizar el asunto de la guerra en Ucrania para satisfacer a los anfitriones. Adicionalmente, India logró que la Unión Africana fuera admitida en el grupo, nacido tras la crisis económica del 2008 y que determina buena parte de la agenda económica y financiera mundial.
India, que ya pasó a China en población. Una gran fortaleza en lo que antes era una debilidad, está ‘mordiéndole’ a China, influencia geopolítica en países de Asia y África, gracias a que, entre otras cosas, no genera resistencia como si lo hace China como un extractor de recursos naturales, realizador de proyectos de infraestructura que endeudan altamente a sus beneficiarios y desconfianza en sus tecnologías.
El éxito diplomático indio, tanto en la cumbre del G20 como en la de los Brics en Suráfrica, en la que se determinó la expansión del foro, se suma al gran logro en la carrera espacial con una sonda que aterrizó por primera vez en el polo sur de la luna, días después que un intento similar ruso se estrellara en pedazos.
Si bien India está muy lejos del poder económico de China, su ingreso anual per cápita (unos dos mil quinientos dólares) equivale al de países de bajos ingresos y ocupa el lugar 130 en índice de desarrollo humano, India tiene otras fortalezas que lo catapultan al centro de la agenda global sin ser una gran potencia aún. Una economía gozando de gran crecimiento en los últimos años, contrario a China, que se está desacelerando, y que podría alcanzar a Japón y Alemania en una década en producto interno bruto. La mayor democracia del mundo, una nación con un destino manifiesto originada en una identidad religiosa, una larga historia común, victorias contra invasores extranjeros, una lengua, una narrativa y una fascinación por la ciencia y la tecnología.
Modi no promete grandes proyectos, pero contribuye a la construcción de puentes diplomáticos y comerciales con los países de Occidente con los que mantiene excelentes relaciones, comenzando por Estados Unidos, donde la gran e influyente diáspora india promueve los vínculos entre Washington y Delhi. India posee una gran riqueza cultural de exportación, desde el Yoga hasta sus producciones cinematográficas.
En enero de este año, India organizó la cumbre ‘Voces del sur global’, en la que participaron virtualmente más de 100 países, ninguno del G20, logrando convocar representantes de países en desarrollo, incluido Colombia, para tratar tenas de cambio climático, salud, educación, equidad financiera, comercio, seguridad energética y medio ambiente.
Lo que en últimas ofrece India es una actitud diferente en las relaciones entre países, alejado quizás de los intereses puros y duros, haciendo uso de su Softpower, tamaño, encanto y prestigio para ganar adeptos y a fe que los está logrando.