Héctor Fabio Fernández O., Pbro., delegado de Comunicaciones Arquidiócesis de Cali.

Es común ver en el mundo personas que se creen tener la autoridad ética y moral, piensan que eso les da el derecho de señalar al que consideran que se ha equivocado o no vive conforme a sus ‘principios o creencias’.

En esta ocasión, en el Evangelio del domingo, Jesús se dirige a los sacerdotes y ancianos del pueblo, son aquellos que siempre están al acecho de lo que hacen o dicen los demás y más Jesús, por la autoridad que imprimía. De esa manera tenían los argumentos de poder juzgar y condenar a todos los que no pensaran o actuaran conforme a sus principios.

Por eso, Jesús desde su sabiduría sabe hablarnos a través de parábolas, siendo la mejor manera de hacernos llegar su mensaje, en un primer momento nos invita a vivir la voluntad de Dios, de entrada, le damos un “no” a la invitación que nos hace Dios a seguirlo, pero cambiamos de parecer y luego tomamos la mejor decisión de participar en la construcción del Reino.

Aquí el Señor no se fija en apariencias, ni en maneras de vivir, lo que le interesa es que en algún momento tomemos la mejor iniciativa de poder transformar nuestra vida.

Por eso Jesús expresa a los sacerdotes y ancianos «En verdad les digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de ustedes en el reino de Dios”. Aquellos que consideramos los últimos, los que podemos excluir por su apariencia y condición, nos pueden llevar la delantera en el reino. Mientras que los que en apariencia le decimos “Sí” al Señor, por el hecho de creernos muy religiosos, pero poco misericordiosos.

Es decir, que en últimas terminamos diciéndole “no” a Dios, estamos lejos de cumplir su voluntad. El mensaje central del Evangelio de hoy: ante Dios mi actitud siempre debe ser la del publicano y no la del fariseo. Cuando viva esto comprenderé lo dicho por Jesús: “No he venido a salvar a los justos sino a los pecadores”. O sea, a mí, a cada uno de nosotros, basta un Sí, para cumplir la voluntad de Dios.