Por: Wiston Mosquera Moreno, Pbro., vicario general de la Arquidiócesis de Cali

La respuesta que en el Evangelio de este domingo da Jesús a los fariseos, “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí”, es una respuesta que hoy más que nunca nos debe poner a reflexionar a todos nosotros ya que los fariseos se fijaron más en la norma que en las personas, por eso la frase tan fuerte “el culto que me dan está vacío”. ¿Nuestra participación y culto a Dios es verdaderamente auténtica? O ¿Siempre creemos que las palabras de Jesús le caen a mi esposa, a la hija de la vecina, a la profesora de matemáticas, de inglés, de estadística, al tornero, al vigilante de la noche, al abogado, al médico del otro hospital, a la enfermera jefe, al sacerdote de la otra parroquia, al obispo de la Diócesis vecina etc.? Escuchar y entender son dos verbos con tanta fuerza, que deben ser considerados hoy como imperativos siempre, en nuestra vida de fe.

Hoy el señor nos invita a cuestionar nuestra pertenencia y participación en la iglesia y en su liturgia, pues no es raro encontrarnos a muchos creyentes que participan de la Eucaristía, incluso reciben la sagrada comunión, pero a su vez son capaces de dañar a un hermano en su dignidad, capaces de atentar contra la vida de otro ser humano o de comunidades enteras.

Por este motivo nos revela hoy el Evangelio un listado de impurezas que se anidan en el corazón del ser humano y estas hacen que perdamos todo respeto y consideración por el otro, por ese otro que al igual que yo es creación de la divinidad. Esas impurezas por las que debemos estar alerta son fornicación, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, difamación entre otras.

Con el salmo 14, de este día nos preguntamos “¿Señor quién puede hospedarse en tu tienda? Y la respuesta es directa y sin rodeos. El que procede honradamente, el que no hace mal a su prójimo, el que no es usurero etc.

También las palabras incendiarias que lanzamos a veces a través de las redes sociales rompen la armonía por la que todos debemos trabajar en un país en el que parece patentado y hasta normal que para alcanzar el ‘éxito’ no importa cómo se alcance, así sea destruyendo al otro o liquidándolo si fuera necesario. Paz y bien para todos en el día del Señor Jesús, bendiciones siempre.