Un grupo de jóvenes en Estados Unidos decidió alejarse por completo de los teléfonos inteligentes durante 30 días como parte de un experimento que busca reducir la dependencia digital. La iniciativa, conocida como “un mes offline”, plantea un cambio radical en los hábitos tecnológicos al sustituir los smartphones por dispositivos básicos sin acceso a aplicaciones.

El proyecto fue impulsado por la empresa emergente Dumb.co junto a una comunidad local en Washington. Los participantes aceptaron dejar de usar herramientas cotidianas como mapas digitales, redes sociales o plataformas de música en streaming, enfrentándose a una rutina completamente distinta a la habitual.

Los participantes aceptaron dejar de usar herramientas cotidianas. (Imagen de referencia) | Foto: El País

Durante el proceso, los jóvenes han tenido que adaptarse a situaciones que antes resolvían con facilidad. Actividades como ubicarse en la ciudad o conocer horarios de transporte se volvieron más complejas, obligándolos a interactuar con otras personas o planificar con mayor anticipación.

A pesar de las dificultades iniciales, varios participantes han señalado que la experiencia les ha permitido replantear su relación con la tecnología. La ausencia de notificaciones constantes abrió espacio para actividades presenciales, desde encuentros comunitarios hasta dinámicas sociales en entornos como huertas urbanas o eventos recreativos.

Este tipo de iniciativas surge en medio de un creciente debate sobre el impacto del uso excesivo de dispositivos digitales. Investigaciones recientes han advertido efectos negativos en la salud mental, incluyendo problemas de concentración, alteraciones del sueño y aumento de la ansiedad.

Incluso, decisiones judiciales en Estados Unidos han comenzado a poner bajo la lupa a plataformas digitales por su carácter potencialmente adictivo. En paralelo, académicos como Kostadin Kushlev, de la Universidad de Georgetown, han señalado que reducir el uso del celular puede mejorar el bienestar y la capacidad de atención de manera sostenida.

Kostadin Kushlev, de la Universidad de Georgetown. | Foto: Captura de pantalla

El programa no se limita a restringir el uso de tecnología. También incluye actividades grupales, como debates semanales, diseñadas para fortalecer la interacción social y fomentar hábitos fuera del entorno digital. Según sus organizadores, este componente es clave para generar cambios duraderos en el comportamiento.

El costo de participación ronda los 100 dólares e incluye el préstamo de teléfonos básicos, así como acceso limitado a herramientas necesarias para la movilidad. La propuesta apunta a ofrecer una alternativa estructurada frente al uso intensivo de dispositivos inteligentes.

De acuerdo con encuestas recientes, una proporción significativa de jóvenes en Estados Unidos manifiesta interés en reducir su tiempo frente a pantallas. Este panorama ha impulsado la aparición de nuevas estrategias, desde aplicaciones que limitan el uso hasta espacios libres de tecnología en universidades y ciudades.

Expertos consideran que este tipo de movimientos podría marcar un cambio cultural más amplio. La búsqueda de equilibrio entre lo digital y lo presencial empieza a consolidarse como una preocupación colectiva, en un contexto donde la tecnología tiene un papel central en la vida diaria.