A 150 kilómetros de la frontera con Etiopía, una larga fila de minibuses avanza lentamente, haciendo paradas en cada punto de control, hasta llegar al cruce en el que ondea la bandera etíope, final del calvario de quienes huyen de los combates en Sudán.

A Oktay Oglu, un ingeniero turco que trabajaba en una fábrica de Jartum, lo despertaron las bombas en la mañana del 15 de abril. Ese día, el ejército y los paramilitares entraron en guerra en Sudán, donde dos generales rivales se disputan el poder.

Con su esposa y sus tres hijos, Oktay Oglu esperó mucho tiempo una tregua para huir de la capital, donde cinco millones de habitantes están desde hace dos semanas atrapados, entre bombardeos aéreos, fuego de la artillería y enfrentamientos callejeros.

En esta foto de archivo tomada el 5 de diciembre de 2022, el jefe del ejército de Sudán, Abdel Fattah al-Burhan (der.), y el comandante paramilitar Mohamed Hamdan Dagalo. Foto: AFP. | Foto: El País / AFP

Al final, pudieron salir de su barrio, en el este de Jartum, y llegar a la ciudad de Wad Madani, a 200 kilómetros más al sur. Durmieron allí una noche antes de retomar su camino hacia Gedaref, a 250 kilómetros hacia al este.

Luego, en uno de esos microbuses que no paran de llegar a la frontera, Oktay Oglu y su familia llegaron a Gallabat, donde tuvieron que pasar la noche esperado la reapertura del cruce, cerrado entre las cinco de la tarde y las ocho de la mañana.

Durmieron “en el suelo y al aire libre”, contó el hombre a la AFP, porque el pequeño pueblo de Gallabat no tiene hotel, ni siquiera una casa sólida: las viviendas están hechas de hierba seca y madera, como en muchas zonas rurales de Sudán, uno de los países más pobres del mundo.

De Adís Abeba a Dubái

Emiratos Árabes Unidos es uno de los países más ricos del mundo. Foto: EFE

A su alrededor, hombres, mujeres y niños de todas las nacionalidades esperan pasar rápidamente. “Hasta ahora han cruzado 9.000 personas, principalmente extranjeros, entre los que se cuentan muchos turcos”, aseguró a la AFP un responsable del puesto fronterizo.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el 25 de abril, más de 3.500 personas de más de 35 nacionalidades encontraron refugio en Etiopía. Más del 40% de ellas eran turcas y un 14%, etíopes.

“Los sudaneses que cruzan son personas que trabajaban principalmente en el Golfo y que estaban en el país de vacaciones” cuando comenzaron los combates, indicó el funcionario, pidiendo el anonimato.

Dhiaeddin Mohammed, de 35 años, contable en Dubái, es uno de ellos.

Aunque muchos habitantes de Jartum partieron hacia El Cairo, a más de 2.000 kilómetros al norte de la capital, o hacia Puerto Sudán, donde abordan embarcaciones hacia Arabia Saudita, tras 850 kilómetros de carretera, Dhiaeddin Mohammed hizo otro cálculo.

“Entre Jartum y Gondar (oeste), la primera ciudad etíope donde hay un aeropuerto con vuelos hacia Dubái, sólo hay 850 kilómetros”, explicó a la AFP.

En cambio, Ahmed Hussein no tiene ningún trabajo esperándolo en el extranjero.

A causa de la guerra, que en dos semanas ha dejado más de 500 muertos, destruido barrios enteros y que ahora amenaza con derrumbar las infraestructuras ya debilitadas de Sudán, prefirió abandonar su pequeño negocio en Jartum y exiliarse con su esposa y sus tres hijas.

“Vamos a instalarnos en Adís Abeba mientras vemos hacia dónde va Sudán”, dijo a la AFP. “Intentaré ver si puedo trabajar en Etiopía”, señaló, matizando que no sabe si eso “es posible”. “Tendré que hacerlo con los medios que tenga”, apostilló.