Tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue reelecto para su cuarto mandato, en las pasadas elecciones presidenciales de Brasil, llevadas a cabo el 25 de noviembre, y que dejaron como perdedor a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de la derecha brasilera, se desató una polémica internacional, puesto que Bolsonaro terminó huyendo de su país.
Al conocerse los resultados de las votaciones, en los que Lula superó con el 50,90 %, más de 63 millones de votos, a Bolsonaro que alcanzó a obtener el 49,10 %, con más de 49 millones de votos. El candidato de la derecha no reconoció la victoria del presidente progresista.
El lunes posterior a las elecciones, Bolsonaro permaneció fuera del foco público, ni sus copartidarios lo vieron, según información de AFP. Para el martes, se conoció que las autoridades solicitaron al excandidato sus pasaportes, puesto que se le restringiría su salida del país por una investigación de presunto lavado de dinero.
En cuestión de horas, con ayuda de aliados extranjeros y en un movimiento de extrema reserva, Bolsonaro llegó hasta la frontera de Brasil con Argentina y cruzó con su familia el puente Tancredo Neves, ingresando con protección del gobierno de Javier Milei, lo que generó críticas y denuncias de opositores al presidente argentino señalado de encubrimiento.
Desde el Aeropuerto de Puerto Iguazú, en Argentina, Bolsonaro y su familia viajaron en vuelo privado hasta Guayaquil, Ecuador, con el amparo del presidente Novoa, aliado de Estados Unidos.
Mientras el Departamento de Estados de EE. UU. le concedía visas al político brasileño y su familia, en otro vuelo salieron de Guayaquil a Miami, en La Florida. Entre tanto, desde Brasil, el presidente reelecto lamentó que huyera, “debió quedarse y defenderse, está claro que Brasil es su segunda patria, la primera es Estados Unidos”.
Desde territorio estadounidense Flávio Bolsonaro se autodeclaró “el verdadero presidente electo de Brasil” y acusó de fraudulentas las elecciones en las que fue derrotado. Mientras que Donald Trump, amigo cercano de Jair Bolsonaro, afirmó que para él fueron unas elecciones muy extrañas y terribles, y que le parecieron fraudulentas.
A nivel internacional, varios sectores criticaron el encubrimiento y la intervención de los gobiernos de Argentina y Ecuador, así como el direccionamiento desde Estados Unidos, algo que el gobierno de Lula viene denunciando como intenciones imperialistas de Trump sobre los países suramericanos, donde ya ha logrado imponer presidentes que siguen sus directrices y colaboran a sus intereses.