El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, sobrevivió a la ofensiva militar lanzada este sábado 28 de febrero por los integrantes de las fuerzas militares de Estados Unidos y Israel, en una operación que ambos gobiernos justificaron como una acción para frenar lo que consideran una amenaza a la seguridad internacional.
Durante varias horas circularon versiones en medios locales y redes sociales que daban por muerto al ayatolá. Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abás Araqchi, desmintió esas informaciones y aseguró que las principales autoridades del país se encuentran a salvo.
“Ali Jamenei está vivo y el presidente también. Casi todos los funcionarios están sanos y salvos; solo perdimos uno o dos comandantes, pero no es un gran problema para nosotros”, expresó el canciller en un mensaje oficial.
Es que la operación militar se presenta tras semanas de creciente tensión diplomática entre Washington y Teherán. El presidente estadounidense, Donald Trump, endureció su discurso contra la República Islámica, señalando no solo la represión interna de protestas, sino, principalmente, el avance del programa nuclear iraní.
Estados Unidos y varias potencias occidentales sostienen que Irán desarrolla armas nucleares, una acusación que Teherán rechaza de manera reiterada, insistiendo en que su programa tiene fines exclusivamente pacíficos. Sin embargo, el enriquecimiento de uranio al 60 por ciento, muy por encima de los niveles necesarios para uso civil, enciende una alarma entre los integrantes de la comunidad internacional.
En las últimas semanas, delegaciones de ambos países sostuvieron conversaciones indirectas en Ginebra para intentar reactivar un acuerdo nuclear. No obstante, la más reciente ronda concluyó sin avances significativos. Washington habría intentado ampliar la agenda para incluir el programa de misiles balísticos iraní y el respaldo de Teherán a grupos armados en la región, un punto que Irán se negó a negociar.
En su discurso del Estado de la Unión ante el Congreso, Trump habló de las “siniestras ambiciones nucleares” de Irán y advirtió que el régimen estaría desarrollando capacidades que podrían amenazar directamente territorio estadounidense.
Uno de los principales focos de fricción ha sido el programa de misiles balísticos iraní. Trump expresó públicamente su frustración luego de que Teherán rechazara incluir este tema en las negociaciones. Israel, por su parte, ha insistido en que los misiles de corto y mediano alcance representan una amenaza directa para su seguridad nacional.
Desde la perspectiva iraní, cualquier intento de limitar su capacidad misilística vulnera su derecho a la autodefensa. El canciller Araqchi advirtió recientemente que Washington debe abandonar sus “excesivas demandas” si realmente aspira a alcanzar un acuerdo diplomático.
Más allá del programa nuclear y de misiles, Estados Unidos e Israel han señalado como objetivo estratégico el desmantelamiento del llamado “eje de resistencia”, una red de aliados regionales respaldados por Teherán que incluye a Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y diversas milicias en Irak.
En un mensaje publicado en su plataforma Truth Social, Trump sostuvo que su administración se asegurará de que “los aliados terroristas del régimen ya no puedan desestabilizar la región ni atacar a nuestras fuerzas”. El mandatario también condenó los ataques del 7 de octubre contra Israel y responsabilizó a la red de aliados iraníes de múltiples agresiones contra objetivos estadounidenses y rutas marítimas internacionales.
Mientras tanto, la supervivencia de Jamenei evita, por ahora, un vacío de poder en la cúpula iraní, aunque la magnitud de los ataques y la tensión acumulada abren un escenario incierto en Medio Oriente, donde el riesgo de una escalada mayor continúa latente.